Sin argumentos

Roberto Blancarte

Luego de la aprobación del matrimonio entre personas del mismo sexo por la Asamblea Legislativa del Distrito Federal ha habido de todo, o casi de todo, con excepción de argumentos razonables. El mejor ejemplo de esto es la famosa frase del obispo de Ecatepec, Onésimo Cepeda: “Se me hace una estupidez”. Quien luego dijo que así le parecía “porque no es un matrimonio; entonces, si no es un matrimonio, no se puede formar un hogar y uno no puede tener hijos”. Básicamente, éste ha sido el único argumento expuesto por la jerarquía católica. Lo repito porque es lo que se denomina un razonamiento tautológico: algo “es porque es” o “no es porque no es”. Para la jerarquía católica y algunos otros dirigentes religiosos el matrimonio entre personas del mismo sexo no puede ser porque su particular interpretación de su doctrina les dice lo contrario; fuera de su mundo nada ni nadie existe, nada ni nadie tiene derechos. Ignoran la realidad constitucional, la legal, la social y la cultural. Si ellos dicen que eso no es matrimonio, no lo es. Poco importa lo que digan los legisladores, los científicos sociales, los biólogos y otros especialistas. Desde su moral, estos “líderes” religiosos pretenden normar su mundo y también el mundo exterior a su Iglesia. No importan los argumentos.

En realidad, si uno trata de desentrañar el pensamiento religioso, éste es realmente básico: un matrimonio está hecho para procrear, según su lógica y, por lo tanto, si los homosexuales no pueden tener hijos, no deberían tener derecho a contraerlo. El arzobispo de la Ciudad de México lo dijo claramente: los homosexuales no pueden pretender constituir una familia y, por lo tanto, no pueden adoptar. En la lógica del episcopado católico y de algunos liderazgos cristianos conservadores, una pareja que no se reproduce no puede considerarse una familia. Pero en esta argumentación hay una trampa: están excluyendo de su concepción de familia a muchas parejas heterosexuales que no pueden tener de manera “natural” hijos, pero también a muchas personas, incluso religiosas, que no tienen prole naturalmente, pero que se dedican a tener “casas” u “hogares”, para cuidar niños y, por lo menos teórica o espiritualmente, formar una gran familia con ellos. Si uno sigue el argumento de los dirigentes religiosos, entonces ninguna de estas organizaciones debería tener el derecho de cuidar menores de edad. Pero, según esa lógica, tampoco las parejas estériles deberían poder adoptar, puesto que no pueden reproducirse naturalmente. De hecho, si extendemos esta argumentación, uno tendría que agregar en la lista de personas sin derechos a cualquiera que en teoría no puede o no debe reproducirse, y eso incluye a los sacerdotes y religiosas célibes.

¿Quién dice que las parejas homosexuales no pueden formar una familia? ¿Quién puede afirmar que sólo los heterosexuales pueden hacerlo? ¿Quién dice que los menores de edad sólo pueden vivir felices con parejas heterosexuales? ¿Quién puede sostener que una pareja de homosexuales no puede darle más cariño y amor a un niño que viene de un “hogar” heterosexual pero violento?

En el fondo, el temor de algunos es que las parejas homosexuales abusen de sus propios hijos adoptivos. Pero nuevamente, quienes así piensen, están confundiendo homosexualidad con pederastia. A estas personas se les olvida que buena parte de los abusadores de niños son heterosexuales, con familias, cónyuges e hijos. Se les olvida también (y por eso los dirigentes religiosos no han insistido en ello) que muchos sacerdotes son los principales depredadores de menores de edad, niños o niñas. No hay más que repasar algunas noticias recientes para confirmar lo antes dicho: casas-hogar ligadas a iglesias cristianas donde hay niños que han desaparecido, miles de menores de edad abusados sexualmente en seminarios o en casas parroquiales. Lo curioso es que los dirigentes religiosos han distorsionado la realidad con sus argumentos moralistas y se presentan como los grandes protectores de la niñez, cuando en realidad hay mucho más evidencia de abuso sexual a menores por parte de religiosos que de otros grupos.

Pero el arzobispo de México, quien por cierto no se ha distinguido en defender a menores de edad de los depredadores sexuales en su Iglesia, hoy encabeza una cruzada que es más política que moral. Ahora escogió como blanco de sus ataques al gobierno del Distrito Federal y al PRD. Al grado que por primera vez en años comenzó a criticar los aumentos de impuestos en la ciudad y empezó a defender a los pobres; asuntos que antes no le preocupaban ni le parecían importantes. Al punto que sus voceros pueden difundir patrañas y mentiras tan absurdas como que diez mil iglesias evangélicas se han unido al frente católico. No hay en México tantas iglesias evangélicas. En la Secretaría de Gobernación no hay más de cuatro mil registradas y dudo mucho que todas ellas se hayan adherido a esta causa. En todo caso, la ira moralista del arzobispo lo ha puesto en el límite de la ley, si no es que fuera de ella; ésa que él sólo respeta si está de acuerdo a sus principios religiosos. Seguramente lanzará a sus huestes más fanáticas en una cruzada que rayará en la homofobia y la discriminación. Sin mayores argumentos.

Matrimonio y laicidad

Matrimonio y laicidad
Gabriela Rodríguez
El matrimonio entre personas del mismo sexo es expresión de la laicidad del siglo XXI. Del 2000 para acá se ha legalizado en los Países Bajos, Bélgica, España, Canadá, Sudáfrica, Noruega, Suecia y Portugal; y en algunas entidades de Estados Unidos como Massachusetts, Connecticut, Iowa, Vermont, New Hampshire y Washington DC. Otras figuras legales que reconocen uniones civiles en parejas del mismo sexo parecidas aunque no equiparables al matrimonio existen en: Alemania, Andorra, Australia, Austria, Dinamarca, Eslovenia, Finlandia, Francia, Hungría, Islandia, Israel, Luxemburgo, Nueva Zelanda, Reino Unido, República Checa y Suiza, así como en los estados de California, Distrito de Columbia, Nueva Jersey y New Hampshire, Oregon y Washington; en América Latina estas uniones tienen validez legal en Colombia, Uruguay, la ciudad de México, el estado mexicano de Coahuila, el estado brasileño de Rio Grande do Sul y tres zonas de Argentina: Buenos Aires, Villa Carlos Paz, Río Cuarto, así como la provincia de Río Negro.

El 21 de diciembre de 2009, la ALDF aprobó el matrimonio entre personas del mismo sexo incluyendo el derecho a la adopción, lo cual convierte a la ciudad de México en la única entidad de este país y la primera de América Latina que aprueba este tipo de matrimonio. Se trata de la ciudad con más católicos del mundo y que, además, está gobernada por la izquierda, tal vez por eso la jerarquía eclesial (más sus correligionarios del PAN y nuevos aliados del PRI) no sólo lo ha condenado en ejercicio de su libertad de expresión, sino que ha llegado a ofender y discriminar a quienes tienen orientaciones homosexuales. Con ello, además de generar violencia social, se atenta contra el primer artículo de nuestra Constitución, un delito penado en el Distrito Federal hasta con cinco años de prisión.

La Iglesia católica es una institución sin calidad moral para opinar al respecto, en especial por las innumerables demandas por abuso sexual de sus ministros, quienes han sido protegidos por sus autoridades sin mostrar el menor interés hacia los niños, niñas y adolescentes víctimas de tales atrocidades. Los jerarcas condenan "a quienes han arrebatado la vida de miles de mexicanos que no han logrado nacer por la práctica del aborto" y les preocupa que niños huérfanos, abandonados y no deseados puedan ser acogidos y educados por una pareja homosexual, negando la alta incidencia de violencia sexual en sus seminarios y en los hogares formados por papá, mamá e hijos.

Benedicto XVI afirmó estos días su posición fundamentalista al apegarse de manera estricta a escritos sagrados de hace más de 2 mil años: "el matrimonio entre personas del mismo sexo, al igual que el cambio climático, amenazan la creación".

De ahí la gran vigencia del último texto de José Saramago, Caín (Alfaguara, 2009), en el cual el premio Nobel dibuja el verdadero rostro del Dios bíblico del Antiguo Testamento: creador iracundo y perfecto, juez del mundo entero, castigador que presume de ser imparcial; señor capaz de todo, de lo bueno, de lo malo, de lo peor, el que condenó a Eva a someterse al hombre y a parir con dolor, quien amenazó a Adán con espinas y cardos; el que ordena a un padre que mate a su propio hijo, un señor rencoroso que manda a la ruina o una enfermedad a quien le falla; para quien nada es imposible, ni un error, ni un crimen. Cuenta que ante numerosas quejas por crímenes contra natura cometidos en Sodoma y Gomorra, el Señor decidió venir aquí abajo para poner la cuestión en limpio. Abraham le cuestionó al señor: “No es posible señor, condenar a muerte al inocente junto al culpable […] tú que eres el juez del mundo entero debes ser justo en tus sentencias. A esto respondió el señor, si yo encuentro en la ciudad de Sodoma a 50 personas inocentes perdonaré a toda la ciudad en atención a ellas […] El señor empeñó su palabra. A mí no me lo ha perecido, tan cierto como que me llamo Caín [...] Sodoma será destruida, y es posible que esta misma noche. Es posible, sí, y no será sólo Sodoma, será también Gomorra, y dos o tres ciudades de la planicie donde las costumbres sexuales se han relajado por igual, los hombres con los hombres y las mujeres apartadas […] El señor hizo entonces caer azufre y fuego sobre Sodoma y Gomorra, destruyó ambas ciudades hasta los cimientos, así como toda la región, con todos sus habitantes y vegetación […] En cuanto a la mujer de Lot, ésta miró atrás desobedeciendo la orden recibida y quedó transformada en una estatua de sal. Hasta hoy nadie ha conseguido comprender por qué fue castigada de esa manera, cuando es tan natural que queramos saber qué pasa a nuestras espaldas. Es posible que el señor hubiera querido escarmentar la curiosidad como si se tratase de un pecado mortal, pero eso tampoco va en abono de su inteligencia […] Y Caín dijo, tengo un pensamiento que no me deja. Qué pensamiento, peguntó Abraham. Pienso que había inocentes en Sodoma, y en las otras ciudades que fueron quemadas […] Los niños, los niños eran inocentes. Dios mío, murmuró Abraham, y su voz fue como un gemido. Sí, será tu dios, pero no fue el de ellos.”



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Arzobispo integrista


Arzobispo integrista



Por: Carlos Martínez García


En congruencia con la doctrina de la Iglesia católica, el arzobispo Norberto Rivera exige lo imposible. Para el catolicismo romano las leyes del Estado deben reflejar las enseñanzas éticas de la institución encabezada por el obispo de Roma, es decir el Papa. La creencia se desprende de la interpretación que la jerarquía católica ha hecho históricamente de los textos bíblicos, a los que le ha sumado la tradición teológica de dos milenios.


Desde la óptica anterior, el cardenal Rivera Carrera demanda que las legislaciones nacional y locales expresen a cabalidad lo que él entiende por "“las leyes de Dios”". En esto no deberían sorprenderse quienes piden al jerarca que le baje al tono de sus airados reclamos por la modificación legal que hace posible, en la ciudad de México, el matrimonio homosexual y la posibilidad de que los así vinculados adopten infantes. Norberto Rivera reclama con estridencia la derogación de la nueva legislación, porque va a contracorriente de la concepción católica del orden social. La organización social, legal y política del país, Norberto dixit, debe ser modelada por los ordenamientos doctrinales católicos romanos.



Estamos, ni más ni menos, ante el integrismo..



El integrismo sanciona cada pensamiento y conducta de acuerdo con un canon bien asentado por los intérpretes de los textos sagrados, sean religiosos y/o políticos. En el corazón del integrista se localiza el deseo de imponer a los demás sus convicciones. No existe, para él, la diferenciación entre dentro y fuera de su ideología parroquial. Todo debe ceñirse a los ordenamientos que tiene por divinos. El integrista es adversario histórico del Estado laico.



Muchas veces hay confusión entre fundamentalismo e integrismo, y se les toma por sinónimos. La precisión de Umberto Eco clarifica el malentendido semántico: "“Por integrismo entendemos una posición religiosa y política, a la vez, que persigue hacer de ciertos principios religiosos un modelo de vida política y la fuente de las leyes del Estado”" ("“Definiciones lexicológicas”", en La intolerancia, varios autores, Ediciones Granica, 2002). En este sentido son integristas organizaciones católicas como El Yunque, en México, Osama Bin Laden y sus huestes, la Christian Coalition, organismo evangélico conservador estadunidense, y un muy amplio abanico de agrupaciones que buscan imponer mediante las estructuras de poder sus convicciones religiosas a toda la sociedad.



Todo integrista es fundamentalista, pero no todo fundamentalista es integrista. La que hacemos puede parecer una diferenciación ociosa, de tintes academicistas, pero en el matiz hay una distancia que es importante tener en cuenta al momento de los análisis que conforman nuestras decisiones y actitudes.



Aunque nunca se fueron del todo, en las últimas décadas del siglo XX vimos la resurrección de los integrismos. Mientras parecía constante el avance del Estado laico, con distintos ritmos, por todo el orbe, imperceptiblemente, se iban fortaleciendo los gurús, profetas, iluminados y santones que prometían llegar al cielo por asalto e instaurarlo como realidad factible en las sociedades terrenales. Para ellos, quienes duden de la promesa, la critiquen o desdeñen son infieles a quienes no vale la pena convencer, sino que es necesario someter. En dicha acción todos los medios son válidos. Contra los herejes, sentencian iracundos, cualquier recurso es útil dado el tamaño de su contumacia y peligrosidad.



Norberto Rivera Carrera, como buen integrista que es, seguirá lanzando anatemas contra sus adversarios. Va a continuar escudándose en la libertad de expresión, que, por otro lado, niega al interior de la Iglesia católica. Frente a tal conducta los funcionarios gubernamentales de un Estado, que inicia su proceso de laicización hace 150 años, tienen la obligación de recordarle al arzobispo que tiene todo el derecho de adoctrinar a sus feligreses, pero que se equivoca rotundamente cuando busca imponer su ideal teocrático a una sociedad cada vez más lejana de las directrices católicas romanas.



No podemos dejar pasar el tono y modos con que el obispo Rivera Carrera ha externado su descalificación de la modificación legal que amplía los derechos de los integrantes de la comunidad homosexual que quieran ejercerlos. Ya sea por lo que él directamente expresa, o a través de su vocero Hugo Valdemar, corroboramos que hace uso de ofensas y sentencias que deben ser aceptadas nada más porque las expone un llamado "“príncipe de la Iglesia (católica)”", ya que es cardenal.



Cabe destacar que, entre las maniobras para hacer creer a la opinión pública que respaldan plenamente a Norberto Rivera Carrera líderes religiosos que no son católicos, sus allegados (¿por instrucciones de él?) no vacilan en manipular la información. Por ejemplo, a los reporteros de la fuente que el domingo pasado cubrieron la misa, al distribuirles el texto de la homilía del cardenal Rivera se les aseguró que en la celebración religiosa estuvieron presentes, para respaldar la postura del jerarca, líderes evangélicos, como Arturo Farela, de la Confraternidad Nacional de Iglesias Cristinas Evangélicas. La afirmación fue tajantemente negada por el mismo pastor Farela (ver El Correo Ilustrado de ayer). Cosas del obispo Rivera Carrera y su oficina de prensa.





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La ley, el cardenal y sus cómplices

La ley, el cardenal y sus cómplices
Octavio Rodríguez Araujo

Si les das el pie agarran la mano. Esto es lo que han hecho las iglesias que han dicho que sólo obedecen a Dios. El documento leído en nombre de Norberto Rivera es realmente una pieza de antología (mal redactada) que parece rescatada de la Edad Media. Dice así en una de sus partes:"Nosotros, pastores del pueblo de Dios, tampoco podemos obedecer primero a los hombres y sus leyes antes que a Dios; toda ley humana que se le contraponga será inmoral y perversa, pues al ir contra su voluntad termina por llevar a la sociedad a la degradación moral y a su ruina" (La Jornada, 11/01/10)

Las implicaciones del texto citado son realmente una regresión a tiempos que todos, ilusamente, creímos superados hace mucho tiempo. Lo que sugiere la cita es que dichos "pastores" se han declarado en rebeldía ante las leyes que nos hemos dado, en este caso, los mexicanos. Según ese documento nuestras leyes no tienen validez alguna si se contraponen a Dios, cualquier cosa que esto signifique. Y digo esto último no por falta de respeto a quienes son religiosos, sino porque la voluntad de Dios, si acaso existe, depende de quienes dicen conocerla y que se consideran sus representantes y voceros nada más porque sí, porque ellos se asumen como tales sin sentirse obligados a demostrarlo.

A estos curas atrasados, a la vez que prepotentes y soberbios, se les hace muy fácil descalificar nuestras leyes y, no conformes con ello, llamar a desobedecerlas. Si el gobierno tuviera los pantalones que dice tener para acabar con el narcotráfico ya habría usado la ley contra ellos, traficantes de la supuesta voluntad de Dios por el simple hecho de que no están de acuerdo con los matrimonios entre personas del mismo sexo ni con el aborto. Por lo pronto, el artículo 130 constitucional establece que “las iglesias y demás agrupaciones religiosas se sujetarán a la ley”. En el inciso e de este artículo se dice: “Tampoco podrán en reunión pública, en actos del culto o de propaganda religiosa, ni en publicaciones de carácter religioso, oponerse a las leyes del país o a sus instituciones, ni agraviar, de cualquier forma, los símbolos patrios.” (Las cursivas son mías.)

Lo dicho en nombre del cardenal Rivera es suficiente para que se les cancele su agrupación religiosa y todas aquellas que dicen o digan que anteponen la supuesta voluntad de Dios, del dios que sea, a nuestras leyes vigentes. ¿Se valdrá, por ejemplo, que en mi automóvil me pase los altos porque Dios no me dijo que los respetara?

Subordinar o querer subordinar la Constitución general al catecismo Ripalda o a la Biblia o al Corán o lo que sea que represente un texto denominado sagrado, es una violación de dicha Constitución y del Estado laico que nos hemos dado los mexicanos (y que quieren revertir los curas). ¿No dice nuestra Constitución que en México hay libertad de cultos y de creencias? Esto quiere decir que cada quien cree en lo que le da la gana, o no cree y, por lo tanto, observa o no los valores de su iglesia, si la tiene, siempre y cuando se someta, como ciudadano, a las leyes vigentes en el país. Los curas quisieron tener derechos, y los tienen gracias a Carlos Salinas y sus reformas legislativas, pero al lograrlos también adquirieron obligaciones, como individuos y como organizaciones. Y una de estas obligaciones es acatar la legislación y no llamar a desobedecerla sin caer en subversión y, eventualmente, en asociación delictuosa. En caso de que esto suceda, y ya sucedió con el texto leído en la Catedral Metropolitana el domingo pasado, que les caiga el peso de la ley, comenzando por Rivera Carrera y sus cómplices ortodoxos y evangélicos que hicieron causa común con dicho propósito. Si los grupos guerrilleros que actúan al margen de la ley y llaman a proceder en contra de las instituciones de la República son perseguidos y acosados por las"fuerzas del orden", ¿qué espera la Secretaría de Gobernación para hacer lo mismo con estos sedicentes "pastores del pueblo de Dios" alebrestados, que expresamente llaman a no respetar la ley y las instituciones? ¿O la ley es para unos pero no para todos?

Si los "pastores del pueblo de Dios" están en contra del matrimonio entre personas del mismo sexo, que no los casen; nada los obliga. Gracias a hombres de visión moderna y no a curas oscurantistas, desde la Reforma existe, como matrimonio, la unión que se establece en nuestras leyes y que lleva a cabo un representante del Estado. En el caso de la Iglesia católica ni siquiera tendrían que preocuparse pues sus sacerdotes deben ser célibes, sean o no homosexuales e incluso pederastas. En referencia al aborto, tampoco tienen problema, que excomulguen a las mujeres católicas que lo practiquen y ya. ¿Dónde está la dificultad?

El matrimonio es una institución obsoleta y crecientemente en desuso. ¿Por qué se necesitaría que un funcionario civil sancione la unión de dos personas? ¿Tiene más validez que el simple deseo de una unión para hacer vida en común y, eventualmente, tener hijos propios o adoptados? Unirse ante Dios es todavía peor, pues primero habría que probar su existencia o, en caso de existir, que ese dios instituyó el matrimonio y no los hombres que hablan en su nombre sin carta poder. Entiendo que los homosexuales y las lesbianas quieran ganar el derecho al matrimonio y a adoptar hijos, es una estrategia para ser reconocidos ante la ley (que ya lo son según el artículo primero constitucional), pero en realidad no necesitan sanción alguna de un funcionario del Estado o de un ministro de cualquier culto religioso. La unión libre, denominada concubinato, también está reconocida por la ley, en este caso en el Código Civil federal. El concubinato, si bien se ve el asunto, es la forma más avanzada de unión entre dos personas que quieren constituir un hogar o una familia, puesto que es libre y sin necesidad de sanción por parte de persona ajena a la pareja. Pero este es otro asunto.










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Un banco católico alemán invierte en tabaco, armas y anticonceptivos

Un banco católico alemán invierte en tabaco, armas y anticonceptivos

02 de Agosto de 2009, 11:45am ET
BERLÍN, 2 Ago 2009 (AFP)


Un banco católico alemán lamentó el domingo haber realizado inversiones "no conformes a sus altas exigencias éticas" en laboratorios farmacéuticos que producen píldoras anticonceptivas y en empresas que fabrican armas y tabaco, en un comunicado.


Un dirigente de Pax Bank reconoció haber invertido "en dos laboratorios farmacéuticos estadounidenses que, en menor medida, fabrican medios anticonceptivos", en una entrevista a la radio católica Dom Radio, confirmando la información publicada por el semanal Der Spiegel.

Pax Bank, depositario de cuentas de instituciones y de comunidades católicas alemanas, también invirtió "en marzo 577.970 euros en el fabricante de armas BAE Systems" propietario de "870.950 euros en acciones las empresas tabaqueras estadounidenses Imperial Tabacco y American Tabacco", según Der Spiegel.

El banco afirma que las inversiones de sus fondos se hicieron pese a sus "controles internos". "Lo lamentamos y corregiremos los errores inmediatamente el lunes, sin que le afecte a nuestros clientes", añade. Pax Bank, es una cooperativa propiedad en su mayoría de las diócesis católicas alemanas, afirma en su página en internet que "realiza el equilibro entre rentabilidad e ideales cristianos".

"Los valores de activos que nos son confiados se emplean exclusivamente en inversiones conformes a la ética de la Iglesia católica, en toda responsabilidad y transparencia. Toda inversión de capital que no cumple con los principios cristianos es excluida", explica.

La Iglesia católica condena desde la aparición de la encíclica "Humanae Vitae" hace 40 años, la anticoncepción. Esta condena ha sido reiterada por el actual papa, Benedicto XVI.



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Religión, ateísmo, poder

> Religión, ateísmo, poder
> Francisco Miñarro
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> Ponencia de Francisco Miñarro, Coordinador de la Federación Internacional de Ateos (FIdA) , presentada en las II Jornadas sobre Librepensamiento organizadas por la Federación Anarquista Ibérica (FAI) en el Teatro de las Aguas (Madrid), el pasado 17 de junio de 2009.
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> Habitamos en una situación histórica y económica determinada por el neoliberalismo y por el poder abstracto del capital. Esto ha dado lugar a formas de autoritarismo menos evidentes que en épocas anteriores. Aliado con este nuevo imperio está el neocristianismo, con sus diversas ramas, ficticiamente enfrentado a un creciente fenómeno de islamización en los centros urbanos de Europa y en las sociedades periféricas de Asia y África. Ambos fenómenos ideológicos se basan en la irracionalidad y en la tradición, se retroalimentan mutuamente y mantienen a la humanidad en un ilusorio pulso de "civilizaciones".
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> La influencia moral que ejercen tiene claras consecuencias sobre la vida de la población, porque finalmente operan en el campo de la actividad política, entendida no como el conjunto de mecanismos y relaciones que favorecen la convivencia entre individuos libres, sino, por el contrario, en tanto que instrumento de control, de sedación y de adoctrinamiento. El complejo religioso, tal como se presenta en sus diversas variantes, requiere para su subsistencia de un modelo social jerárquico, y apela a la "libertad de culto" (o a la hegemonía ideológica) para imponer sus doctrinas y mantener sus privilegios.
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> Al anclarse en mitologemas, pueden prescindir de mayores explicaciones y seguir interfiriendo en el discurso político, oponiéndose a la racionalidad crítica que debería aplicarse en dicho contexto. Una racionalidad que, por otra parte, sólo puede provenir de una posición vital ajena por completo a cualquier fideísmo.
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> De manera que, en referencia a nuestro mundo y a nuestra cultura, la exigencia de una moral autónoma es el punto de partida necesario para una transformación radical de las relaciones sociales y para crear un espacio público de libertades reales, superando así el dominio de las ideologías religiosas o mercantiles, que reducen al ser humano a la categoría de siervo productor, de enajenado soporte de la mercancía y de objetivo pasivo de la manipulación y de la propaganda.
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> Es éste el mejor momento, pensamos, para que el ateísmo abandone un espacio acrítico de "pura opción filosófica" para convertirse en un potente factor de transformación social. El ateísmo contemporáneo implica la "descristianización" y la "desislamización" de las sociedades, el demoler mediante una crítica subversiva, punto por punto, toda esa red de mitologemas que justifican el poder verticalizado, la desigualdad de géneros, la explotación económica o la reducción de la cultura a una simple pieza del intercambio mercantil.
>
> La jerarquía y la autoridad se basan en la aplicación terrenal de modelos celestiales. La religión es así el último bastión de cualquier ideología de la rapiña. Ser ateo, pues, implica un compromiso, una cierta clase de ?insurrección existencial?, que detecte y neutralice, en la medida de lo posible, las ramificaciones y las consecuencias de la relación Señor-esclavo. El imaginario religioso no tiene otro objeto que la adecuación de los grupos humanos a un sistema de esclavitud libremente aceptado.
>
> La religión es política. Tan simple ecuación permite establecer el principio de que la lucha contra la religión también debería ser materia política. Y de que se abordaría tanto desde presupuestos teóricos como desde una multitud de plataformas de activismo práctico, en forma de pequeñas organizaciones dotadas de coherencia interior y con estrategias claras, que incidan en reivindicaciones, acciones y gestos capaces de romper la gramática cultural que sustenta a la religión y a sus derivaciones. La ironía, la burla o la sátira constituyen una excelente herramienta, dado que ponen al descubierto el carácter superfluo y parasitario del clero, dejando en evidencia la inanidad de su discurso ultraconservador.
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> La religión es engaño masivo, ficción mitológica inspiradora de servidumbres voluntarias. El clero de todo pelaje aspira a la restauración de un nuevo tipo de feudalismo ideológico, dominado por la censura y por el miedo. Se da así la paradoja de una sociedad-mercado caracterizada por la uniformización del consumo y de sus redes de distribución, ligada a una atmósfera de revival religioso, en la que cabe cualquier variedad de pensamiento mágico.
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> Plantear una exigencia de racionalidad atea en un contexto dominado por la restauración idealista puede parecer una tarea abocada al fracaso. No cabe otra opción, sin embargo, que la de alertar acerca de la fase histórica en la que nos encontramos, denunciando el presente proceso oscurantista y examinando cómo las corporaciones religiosas, en su empeño por conservar el control social, buscan y se aseguran una íntima conexión con el poder político y económico.
>
> ¿Damos quizá demasiada importancia al papel de las religiones y de sus corporaciones? Es una crítica que se nos dirige con cierta frecuencia. Pudiera pensarse que el proceso normal de la actual civilización de masas desembocará en un predominio de la ética y del pensamiento crítico, que los fantasmas de lo irracional irán perdiendo terreno ante los descubrimientos científicos y que la lucha por los derechos y libertades finalizará con éxito algún día. Pero quien así piense ignorará los fundamentos tanto de la religión como de la megamáquina social que es su producto. Fundamentos que adquieren singularidad a partir de la psicología de masas y de los medios y mecanismos de transmisión cultural.
>
> El ateísmo contemporáneo no puede, entonces, limitarse a una introspección intelectual, ni aspirar a igualarse en derechos con los creyentes, ni obcecarse tampoco en una especie de laicismo republicano que, en ocasiones, aspire a suplantar el papel social de lo religioso, transformándose él mismo en religión civil. Entendido correctamente, el ateísmo no ha de reducirse a la formulación de argumentos ateológicos. Su propio carácter ético induce a adoptar una posición crítica no sólo ante la religión o las filosofías del espíritu, sino también, y principalmente, ante las elaboraciones jurídicas, institucionales y somáticas que predominan en las sociedades contemporáneas y que constituyen un reflejo de aquellas.
>
> Nos referimos, especialmente, a la Familia, el Estado y la Propiedad. Tres construcciones metafísicas. Tres ideologemas en cuyo núcleo respira el espiritualismo y el dogma. El patriarcado, la interiorización somática de los prejuicios sexuales, el vasallaje ante diversos grupos de presión, el ejército, el sistema penal carcelario, la industria, la penalización de las drogas o la organización del trabajo asalariado conforman otras tantas figuras del orden burgués que, desde un planteamiento radicalmente ateo, deben ser objeto de crítica y denuncia, precisamente en tanto que manifiestan características intrínsecamente ligadas a una interpretación metafísica del mundo.
>
> Ésta es, suponemos, la razón de estas Jornadas sobre librepensamiento. Denuncia y constatación. Pero también búsqueda de remedios y alternativas, de autonomía, de herramientas de lucha. El proyecto FIdA pretende ser un escenario de ideas, pero ante todo un mecanismo de ataque. De ataque a los fundamentalismos, pero también de ataque a quienes por debilidad o interés permiten su avance.
>
> La solución pasa por un desmontaje teórico y por un "contrato" con lo real. Nuestra propuesta de acabar con los monoteísmos, de rechazar con igual pasión la Biblia, la Torah y el Corán -libros únicos que no toleran a otros libros-, es la propuesta de un ateísmo post-cristiano, contra los integrismos y a favor de las luces de la razón y de los saberes de la filosofía más inmanente. Es hora de dar la espalda a las ficciones y a las fábulas. Es hora de plantar cara al odio contra la inteligencia, las mujeres, los cuerpos, los deseos, la vida.
>
> Volver a la carne. A la libertad de los cuerpos, a la salud racionalista, al hedonismo revolucionario, a la inmanencia como ejercicio político. Este es el programa: la autonomía del individuo y la igualdad social. Sin dioses. Sin amos.




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Arzobispos encubridores de pederastas

OPINIÓN
Arzobispos encubridores de pederastas

Por Sanjuana Martínez


México DF, 8 diciembre 09 (CIMAC).- El informe sobre la iglesia católica de Irlanda no deja lugar a dudas: arzobispos encubrieron a sacerdotes pederastas durante años y prolongaron el sufrimiento y el incremento de víctimas.

Resulta estremecedor leer el documento que narra las aberraciones cometidas por los sacerdotes irlandeses contra los más pequeños del rebaño católico. El proceso que las autoridades siguen actualmente contra decenas de curas pederastas fue gracias a un hombre: el actual arzobispo Diarmuid Martin, enviado por el Vaticano para atender el antiquísimo problema.

El informe aborda los casos de 46 menores de edad abusados en los últimos 30 años, pero hay más de 800 afectados que se remontan a 60 años, ya que nunca fueron investigados hasta ahora.

Se trata de un documento que recoge casos de la arquidiócesis de Dublín.

Esta es la segunda vez que la iglesia católica irlandesa conoce un informe de tal naturaleza. El pasado mes de mayo la jerarquía publicó un documento que develó el abuso sistemático contra niños de albergues y orfanatos.

El nuevo informe de 700 páginas, fue presentado por el ministro de Justicia, Dermot Aheren, quien afirmó que no aparecen los nombres de las víctimas y los agresores, para evitar entorpecer las investigaciones judiciales. La orden de los Hermanos Cristianos tendrá que compensar a los 46 menores de edad abusados, con 145 millones de euros.

El método de ocultamiento y silenciamiento utilizado en otras diócesis del mundo fue la constante. El informe culpa a cuatro arzobispos de haber protegido a los curas pederastas y los acusa de connivencia: John Charles McQuaid, Dermot Ryan, Kevin McNamara y Desmond Connell.

El informe fue elaborado por una comisión independiente, gracias a que el nuevo arzobispo Martin, enviado por la Santa Sede, abrió los archivos secretos de la Arquidiócesis de Dublín: “Ninguno de los cuatro arzobispos llevó a la policía los abusos en los años 60, 70 y 80. No fue hasta noviembre de 1995 cuando el arzobispo Connell permitió que se entregaran a las autoridades los nombres de 17 sacerdotes de los que la arquidiócesis había recibido quejas e incluso ese dato no era completo, porque en ese momento se sabía que en la arquidiócesis había quejas al menos de 28 sacerdotes”.

El ministro de Justicia, Dermot Ahern anunció un programa para recoger más datos sobre los agresores y para atender con apoyo psicológico a las víctimas afectadas por la publicación del informe: “Seguramente hay gente allí afuera que sabe lo que ocurrió y puede llevar a los agresores ante la justicia con su testimonio”.

Los curas agresores gozaron no sólo de la protección de sus superiores eclesiásticos, sino también de los policías y los jueces, debido a los atavismos de los irlandeses católicos.

El informe menciona el caso del sacerdote James McNamee, un sacerdote muy popular que llevaba a los niños de excursión y aprovechaba para bañarse con ellos y abusarlos. Lo descubrieron con algunos de los menores de edad desnudos en la piscina de su casa. Los abusos fueron denunciados ante el arzobispo Dermot Ryan, pero este solamente lo cambió de parroquia, hasta donde continuó abusando de niños. McNamee era conocido entre los feligreses como “el reverendo bésameelpito”. El arzobispo finalmente lo cambio a un convento donde abusaba de los monaguillos. Murió tranquilamente en un asilo en 2002, sin ser cuestionado por la justicia.

El texto devela que la jerarquía católica irlandesa ocultó los crímenes sexuales del clero para “mantener el secreto, evitar el escándalo y proteger su reputación”.

El caso del sacerdote Patrick Maguire es estremecedor. Abusó de niños de manera sistemática en Irlanda y Japón, incluso de menores enfermos mentales Fue condenado por pederastia, pero salió libre a mitad de su condena. Sigue siendo sacerdote.

Otro caso, devela como un sacerdote llevó un rollo de fotos a revelar y el encargado llamó al arzobispo para denunciar que eran imágenes de niñas desnudas, pero el cura argumentó que se trataban de “fotos artísticas”. El arzobispo lo supo desde los años 60, pero fue apartado hasta los 90 del ministerio sacerdotal. En 1997 fue condenado por pederastia y sólo pasó un año en la cárcel. Ahora vive tranquilamente en Dublín.

Uno de los sacerdotes pederastas ha confesado que abusó de más de 100 niños, y otro, declaró que perpetró abusos contra un menor de edad cada 15 días durante 25 años.

¿Cuándo le tocará su turno a la jerarquía católica mexicana? ¿Serán los arzobispos Norberto Rivera Carrera y Juan Sandoval Iñiguez culpables de encubrimiento? Por lo pronto, su homólogo, José Guadalupe Martín Rábago, ha conseguido que liberen al cura pederasta José Luis de María y Campos López, quien estaba sentenciado por los delitos de abuso sexual y corrupción de menores contra tres niños. Le faltaba cumplir 3 años de su condena.

Pese a las denuncias, el arzobispo permitió que el sacerdote continuara oficiando misa en la iglesia María Auxiliadora de la colonia de Santa María de Cementos en León, Guanajuato. Luego le brindó apoyo jurídico. Sigue siendo sacerdote, por lo cual tarde o temprano oficiará nuevamente y estará a otra vez a cargo de los monaguillos. El arzobispo Marín Rábago argumenta que solo está “suspendido” porque primero hay que “ver si es culpable”.

09/SM/LGL



Sanjuana Martínez
Periodista
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