Benedicto XVI: un enemigo de la humanidad
Richard Dawkins · · · · ·
17/10/10
Los días 6 y 7 de noviembre el papa Benedicto XVI visitará la ciudad de Barcelona. Dicha visita, sufragada en buena parte con dinero público, ha generado diversas campañas en defensa del laicismo y de la separación entre Iglesia y Estado. El siguiente texto es la intervención preparada por el científico británico Richard Dawkins para la manifestación realizada en Londres el 18 de septiembre pasado contra la visita papal. Al final, el alcance de la manifestación –se calcula que asistieron unas 15.000 personas- obligó a los oradores a recortar sus discursos.
¿Debería haberse recibido a Joseph Ratzinger con la pompa y la ceremonia reservadas a un Jefe de Estado? No. Como Geoffrey Robertson ha mostrado en su libro The Case of the Pope, la pretensión de la Santa Sede de actuar como Estado se basa en un pacto fáustico que permitió a Mussolini conceder a la Iglesia más de tres kilómetros cuadrados del centro de Roma a cambio de su apoyo al régimen fascista. Nuestro gobierno aprovecha la ocasión de la visita del papa para anunciar su intención de “acercarse a Dios”. Que no nos sorprenda, como comenta un amigo mío, si Hyde Park se cede al Vaticano para cerrar el trato.
¿Debería Ratzinger, pues, ser recibido como jefe de la Iglesia? Evidentemente, si los católicos a título individual desean pasar por alto sus muchas infracciones a la ley y tender una alfombra roja al diseñador de sus zapatos rojos, que lo hagan. Pero que no nos hagan pagar al resto. Que no pidan al contribuyente británico subsidiar la misión propagandística de una institución cuya riqueza se calcula en decenas de miles de millones; una fortuna para la cual la expresión “mal habida” viene como anillo al dedo. Y que nos ahorren el espectáculo nauseabundo de la Reina, del Duque de Edimburgo, de los representantes de la Casa Real y de otros dignatarios arrastrándose y adulándolo como sicofantas, haciéndonos creer que se trata de alguien a quien deberíamos respetar.
El predecesor de Benedicto, Juan Pablo II, era considerado por algunas personas un hombre santo. Pero nadie podría llamar santo a Benedicto XVI sin que se le caiga la cara de vergüenza. Este viejo y malicioso intrigante es todo menos un santo ¿Un intelectual? ¿Un académico? Es lo que suele decirse, aunque no está claro que puede haber algo académico en la teología. Como mínimo, nada respetable.
El desafortunado y breve incidente del paso de Ratzinger por las Juventudes Hitlerianas ha sido puesto en un paréntesis, ampliamente respetado. Yo mismo he respetado esta moratoria. Pero tras oír el escandaloso discurso del Papa en Edimburgo, en el que culpó al ateísmo por la existencia de Hitler, es imposible no sentir que la veda se ha levantado ¿Habéis escuchado lo que dijo?
“Todavía hoy podemos recordar cómo Gran Bretaña y sus líderes se levantaron contra una tiranía que pretendía erradicar a Dios de la sociedad y negar a muchos nuestra humanidad común, especialmente a los judíos […] Mientras reflexionamos sobre la aleccionadora experiencia del extremismo ateo del siglo XX”.
Al leer este párrafo, uno se pregunta sobre el talento en materia de relaciones públicas de los asesores que permitieron su incorporación en el discurso. Pero claro, me olvidaba, su consejero oficial es ese Cardenal que al ver el color de algunos funcionarios de migraciones en Heathrow concluyó que debía haber aterrizado en el Tercer Mundo. Seguramente, al pobre hombre le cayó una buena cantidad de Ave Marías, además de su repentino ataque de gota diplomática (un ataque en el que uno no puede evitar preguntarse si el pie afectado es el que se pone en la boca al hablar).
En un comienzo, yo estaba indignado por los vergonzosos ataques del papa a ateos y laicistas, pero luego los vi como un estímulo. Como una muestra de que los habíamos puesto tan nerviosos que sólo les quedaba echar mano al insulto, en un intento desesperado de distraer la atención del escándalo de las violaciones de niños.
Probablemente es muy severo pretender que el Ratzinger de 15 años entendiera lo que suponían los nazis. Como católico devoto, es posible que, junto al catecismo, le inocularan la odiosa idea de que los judíos eran responsables por haber matado a Jesús. De hecho, el argumento de los “asesinos de Cristo” no fue rechazado hasta el Concilio Vaticano II (1962-1965) por una Iglesia cuya psique estaba atravesada por un antisemitismo de siglos.
Adolf Hitler fue un católico apostólico romano. O al menos tan católico como los cinco millones de británicos llamados católicos de este país. Hitler no renunció nunca a su catolicismo bautismal, que es el criterio que supuestamente permite afirmar la existencia de cinco millones de católicos británicos hoy. Una de dos. O se tienen cinco millones de católicos, en cuyo caso hay que hacerse cargo de Hitler, o Hitler no era católico, en cuyo caso habría que dar una cifra honrada del número genuino de católicos que existen en el Reino Unido hoy –los que de verdad creen que Jesús se convierte en una hostia, como supuestamente profesa el ex Profesor Ratzinger-.
Sea como fuere, Hitler no fue ateo. En 1933 se ufanaba de haber “erradicado el ateísmo” al haber prohibido la mayoría de las organizaciones ateas de Alemania, incluida la Liga alemana de librepensadores, cuyo edificio fue convertido en una oficina de información para asuntos eclesiásticos.
En última instancia, Hitler creía en una “Providencia” personificada, probablemente relacionada con la Divina Providencia invocada por el Cardenal Arzobispo de Múnich en 1939, cuando Hitler se libró de ser asesinado y el Cardenal ordenó un Te Deumespecial en la Catedral de Múnich para agradecer a la Divina Providencia por la salvación del Führer.
Puede que nunca sepamos si Hitler identificaba su “Providencia” con el Dios del Cardenal. Lo que sí tenía claro era el carácter abrumadoramente cristiano de sus grupos de apoyo, los millones de buenos cristianos alemanes que, con la inscripciónGott mit uns (“Dios con nosotros”) en la hebilla de sus cinturones, hicieron el trabajo sucio por él. Hitler conocía bien su base social. Por eso “se acercó a Dios”. Este es un extracto del discurso que pronunció en Múnich, en el corazón de la católica Baviera, en 1922:
“Mi sentimiento como cristiano me permite ver en mi Señor y Salvador a un luchador. Me permite ver al hombre que, solo y rodeado por unos pocos seguidores, reconoció a esos Judíos por lo que eran, al que convocó a los hombres a luchar contra ellos, y al que –Dios es Verdad!- fue el más grande no por su sufrimiento sino por su lucha. Con amor infinito como cristiano y como hombre, leo el pasaje que explica cómo el Señor se irguió en toda su grandeza y cogió el látigo para echar del Templo a las víboras y serpientes ¡Cuán terrible fue su lucha contra la ponzoña judía! Hoy, dos mil años después, con la más profunda emoción, me doy cuenta más profundamente que nunca que fue por eso que derramó su sangre en la Cruz”.
Este es sólo uno de de los numerosos discursos y pasajes en Mein Kampf en los que Hitler invoca su cristianismo. No sorprende, pues, que haya recibido tanto apoyo de la jerarquía eclesiástica alemana. Pío XII, predecesor de Benedicto, no está exento de culpa, como de manera devastadora demostró el escritor católico John Cronwell en su libro Hitler’s Pope.
Sería desconsiderado extenderme en este punto, pero el discurso de Ratzinger en Edimburgo este jueves fue tan desafortunado, tan hipócrita, tan propio de quien arroja piedras sobre su propio tejado, que sentí que debía responder.
Incluso si Hitler fuera ateo –como Stalin seguramente lo fue- ¿cómo se atreve Ratzinger a sugerir que exista conexión alguna entre el ateísmo y sus atrocidades? No más, desde luego, que las podrían existir entre éstas y su incredulidad en los duendes o los unicornios. Y no más, tampoco, que su afición al bigote, algo que comparten, por ejemplo, con Franco y Saddam Hussein. No hay camino lógico alguno que conduzca del ateísmo a la maldad. A menos, claro, que se esté empapado de algunas obscenidades ancladas en el corazón de la teología católica. Me refiero –estoy en deuda en este punto con Paula Kirby- a la doctrina del Pecado Original. Esta gente cree –y enseña a los niños pequeños, junto a la aterradora falsedad del infierno- que los bebés “nacen en pecado”. Este pecado sería el de Adán, quien por cierto, como ellos mismos admiten ahora, no existió nunca. El pecado original significa que, desde el momento en que nacemos, somos malvados y estamos corrompidos, condenados. Salvo que creamos en su Dios. O que sucumbamos a la zanahoria del cielo y al palo del infierno. Esta, señoras y señores, es la impresentable teoría que permite asumir que fue la falta de creencia en dios lo que convirtió a Hitler o a Stalin en los monstruos que fueron. Todos somos monstruos a menos que seamos redimidos por Jesús. Una teoría vil, depravada, inhumana, sobre la que basar la propia vida.
Joseph Ratzinger es un enemigo de la humanidad.
Es un enemigo de los niños, ya que ha permitido que sean violados y ha alentado la infección de sus mentes con la culpa. Está vergonzosamente claro que la iglesia está menos preocupada por colocar a los niños a salvo de violadores que por salvar almas sacerdotales del infierno. Y que su preocupación principal consiste en salvar su propia reputación a largo plazo
Es un enemigo de las personas gay, ya que ha descargado sobre ellos el tipo de intolerancia que su iglesia solía reservar a los judíos.
Es un enemigo de las mujeres, ya que las mantiene apartadas del sacerdocio como si el pene fuera una herramienta esencial para cumplir con los deberes pastorales ¿A qué otro empleador se le permitiría discriminar en razón de sexo, sobre todo tratándose de un empleo que de forma manifiesta no requiere fuerza física ni otra cualidad que sólo se suponga a los varones?
Es un enemigo de la verdad, ya que propaga mentiras descaradas sobre la inutilidad de los condones contra el SIDA, especialmente en África.
Es un enemigo de la gente más pobre del planeta, ya que la condena a tener familias numerosas que no pueden alimentar y, con ello, a la esclavitud de la pobreza permanente. Una pobreza que casa mal con las obscenas riquezas del Vaticano.
Es un enemigo de la ciencia, ya que obstruye investigaciones vitales como las de las células madre, no con argumentos morales sino con base en supersticiones pre-científicas.
Y aunque es lo menos grave desde mi punto de vista, Ratzinger es incluso un enemigo de la propia iglesia de la Reina, ya que de manera arrogante ha asumido el desprecio de su antecesor por las órdenes anglicanas, considerándolas “absolutamente nulas y vacías”, al tiempo que trata de reclutar furtivamente vicarios anglicanos para apuntalar su propio penoso y decadente panorama sacerdotal.
Finalmente, y quizás es lo que más me preocupa personalmente, es un enemigo de la educación. Dejando de lado el duradero daño psicológico causado por la culpa y el miedo y que han hecho infame a la educación católica en todo el mundo, Ratzinger y su iglesia alimentan una perniciosa doctrina educativa: pretender que la evidencia constituye una base menos confiable para creer en algo que la fe, la tradición, la revelación y la autoridad, sobre todo su autoridad.
gran.union.librepensadores@gmail.com
De la teología a la biología
De la teología a la biología
Por: Javier Aranda Luna
¿Los homosexuales pueden aspirar al amor? ¿A ese desprenderse uno para mirarse en el otro y que hace vivir juntas a dos personas hasta que la muerte las separa? ¿Podrá impedírselos la biología como algunos creen o su preferencia sexual como "piensan”" otros?
Y las lesbianas, por su preferencia de relacionarse con las personas de su mismo género, ¿serán incapaces de sentir el llamado de la maternidad?
Cuando la Iglesia católica llegó a América los clérigos no creían que los indios tuvieran alma y esa creencia duró más de una centuria. Y hace apenas 60 años en uno de los países más desarrollados del mundo todavía se preguntaban si los negros podían sentarse en los trenes y autobuses junto a los blancos, aunque hubieran pagado unos y otros el mismo pasaje. Hoy esa nación que discriminó a los negros, a los nigros, a los que venían de Nigeria, es dirigida por uno de ellos.
Si los nazis pasaron de la biología a la teología para fundar la religión del "“súper hombre”" y la "“raza pura”", hoy la Iglesia católica pretende saltar de la teología a la biología para justificar la violación sistemática de los derechos humanos de mujeres, lesbianas y homosexuales en nombre de una "“ciencia”" que los científicos y las academias que los congregan no reconocen.
Basta leer el desplegado que respecto de la criminalización del aborto publicó la Academia Mexicana de Ciencias (AMC) para entender de qué tamaño es el problema que fomenta la Iglesia y algunos legisladores de medio pelo. Allí advierte con todas su letras del preocupante e "“inaceptable fenómeno regresivo que en los últimos meses ha estado socavando la racionalidad política en el país y amenazando con retroceder a etapas dolorosamente superadas hace siglo y medio”".
En lo jurídico, señala el documento de la AMC, se violan los principios del Estado laico y "“se amenaza contra la racionalidad del sistema jurídico nacional”". En lo científico se impone una visión simplista, arbitraria y poco informada sobre lo que es la vida y, en lo práctico, se pone en marcha una "“maniobra insidiosa con potencial para penalizar de modo tajante y obtuso a las mujeres de México y a los médicos involucrados y, como propósito subyacente, establecer un método de legislar que no considere los avances de la ciencia”".
¿Por qué las mujeres no pueden decidir sobre su cuerpo y ejercer el derecho de manera libre, responsable e informada sobre el número de hijos que quieran tener como lo consagra la Constitución? Y los 17 estados que criminalizan al aborto, ¿por qué sólo encarcelan o castigan a las mujeres y no a los hombres que las preñaron y decidieron por omisión o comisión que no querían ejercer la paternidad?
Hoy más de 60 mujeres están encarceladas por decidir sobre su propio cuerpo y su futuro. Los curas que antes quemaban libros ahora queman condones y, en un arrebato de amor inverosímil, se congratulan con el encarcelamiento de esas mujeres. ¿Eso aprendieron del Cristo que predican en sus sermones? ¿Es ese el amor al prójimo en el que se resumen todas las leyes?
Tan preocupado está el clero mexicano por el rumbo de la humanidad que ha olvidado poner orden en su casa. Por lo menos no lo ha hecho con algunos se sus prominentes miembros como el padre Marcial Maciel o con aquél otro inolvidable personaje que estuvo en estas tierras: el representante del Vaticano Jerónimo Prigione que fue mensajero de dos de los narcos más buscados durante el sexenio salinista.
Pero tampoco debe extrañarnos que la Iglesia busque la paja en el ojo ajeno y no en el propio: no lo hizo con los y las religiosas que emparedaron el producto de sus amores clandestinos en los conventos ni lo hace ahora cuando el cardenal Norberto Rivera tiene oídos sordos a la sentencia de dar al César lo que es del César al hacer un llamado a la desobediencia civil y lanza un estruendoso "“al diablo con las instituciones”". Dice el cardenal: "“nosotros pastores del pueblo de Dios tampoco podemos obedecer primero a los hombres que a las leyes de Dios. Toda ley humana que se le contraponga será inmoral y perversa...”" Como lo fueron las teorías de Galileo que tardaron en reconocer varias centurias.
Si la humanidad les importa tanto a los sacerdotes, ¿por qué no luchan con la misma fuerza con la que buscan criminalizar a las mujeres que abortan para detener el alarmante crecimiento de adictos en ese México católico que presumen representar?
¿Y en verdad serán representantes de su rebaño? Sabrán que sus propios fieles mediante una encuesta hicieron que la Secretaría de Salud autorizara el uso de la pastilla del día siguiente y que 85 por ciento de los católicos según otra encuesta divulgada por Católicas por el Derecho a Decidir está de acuerdo en el uso del condón para prevenir el sida? Estos indicadores y otros como el descenso del porcentaje de bodas religiosas y la crisis de vocación sacerdotal, ¿no significarán que el clero ya perdió el piso del pueblo que dice pastorear?
Si lesbianas y homosexuales quieren casarse por amor o sólo para dar seguridad jurídica a sus parejas, heredarles su bienes o simplemente para inscribirlos en el seguro social y pagan como cualquier ciudadano sus impuestos, ¿por qué habremos de impedirlo? ¿Por qué no dejarlos adoptar a uno de esos cientos de niños que la Iglesia y su principales feligreses no han querido adoptar?
gran.union.librepensadores@gmail.com
Por: Javier Aranda Luna
¿Los homosexuales pueden aspirar al amor? ¿A ese desprenderse uno para mirarse en el otro y que hace vivir juntas a dos personas hasta que la muerte las separa? ¿Podrá impedírselos la biología como algunos creen o su preferencia sexual como "piensan”" otros?
Y las lesbianas, por su preferencia de relacionarse con las personas de su mismo género, ¿serán incapaces de sentir el llamado de la maternidad?
Cuando la Iglesia católica llegó a América los clérigos no creían que los indios tuvieran alma y esa creencia duró más de una centuria. Y hace apenas 60 años en uno de los países más desarrollados del mundo todavía se preguntaban si los negros podían sentarse en los trenes y autobuses junto a los blancos, aunque hubieran pagado unos y otros el mismo pasaje. Hoy esa nación que discriminó a los negros, a los nigros, a los que venían de Nigeria, es dirigida por uno de ellos.
Si los nazis pasaron de la biología a la teología para fundar la religión del "“súper hombre”" y la "“raza pura”", hoy la Iglesia católica pretende saltar de la teología a la biología para justificar la violación sistemática de los derechos humanos de mujeres, lesbianas y homosexuales en nombre de una "“ciencia”" que los científicos y las academias que los congregan no reconocen.
Basta leer el desplegado que respecto de la criminalización del aborto publicó la Academia Mexicana de Ciencias (AMC) para entender de qué tamaño es el problema que fomenta la Iglesia y algunos legisladores de medio pelo. Allí advierte con todas su letras del preocupante e "“inaceptable fenómeno regresivo que en los últimos meses ha estado socavando la racionalidad política en el país y amenazando con retroceder a etapas dolorosamente superadas hace siglo y medio”".
En lo jurídico, señala el documento de la AMC, se violan los principios del Estado laico y "“se amenaza contra la racionalidad del sistema jurídico nacional”". En lo científico se impone una visión simplista, arbitraria y poco informada sobre lo que es la vida y, en lo práctico, se pone en marcha una "“maniobra insidiosa con potencial para penalizar de modo tajante y obtuso a las mujeres de México y a los médicos involucrados y, como propósito subyacente, establecer un método de legislar que no considere los avances de la ciencia”".
¿Por qué las mujeres no pueden decidir sobre su cuerpo y ejercer el derecho de manera libre, responsable e informada sobre el número de hijos que quieran tener como lo consagra la Constitución? Y los 17 estados que criminalizan al aborto, ¿por qué sólo encarcelan o castigan a las mujeres y no a los hombres que las preñaron y decidieron por omisión o comisión que no querían ejercer la paternidad?
Hoy más de 60 mujeres están encarceladas por decidir sobre su propio cuerpo y su futuro. Los curas que antes quemaban libros ahora queman condones y, en un arrebato de amor inverosímil, se congratulan con el encarcelamiento de esas mujeres. ¿Eso aprendieron del Cristo que predican en sus sermones? ¿Es ese el amor al prójimo en el que se resumen todas las leyes?
Tan preocupado está el clero mexicano por el rumbo de la humanidad que ha olvidado poner orden en su casa. Por lo menos no lo ha hecho con algunos se sus prominentes miembros como el padre Marcial Maciel o con aquél otro inolvidable personaje que estuvo en estas tierras: el representante del Vaticano Jerónimo Prigione que fue mensajero de dos de los narcos más buscados durante el sexenio salinista.
Pero tampoco debe extrañarnos que la Iglesia busque la paja en el ojo ajeno y no en el propio: no lo hizo con los y las religiosas que emparedaron el producto de sus amores clandestinos en los conventos ni lo hace ahora cuando el cardenal Norberto Rivera tiene oídos sordos a la sentencia de dar al César lo que es del César al hacer un llamado a la desobediencia civil y lanza un estruendoso "“al diablo con las instituciones”". Dice el cardenal: "“nosotros pastores del pueblo de Dios tampoco podemos obedecer primero a los hombres que a las leyes de Dios. Toda ley humana que se le contraponga será inmoral y perversa...”" Como lo fueron las teorías de Galileo que tardaron en reconocer varias centurias.
Si la humanidad les importa tanto a los sacerdotes, ¿por qué no luchan con la misma fuerza con la que buscan criminalizar a las mujeres que abortan para detener el alarmante crecimiento de adictos en ese México católico que presumen representar?
¿Y en verdad serán representantes de su rebaño? Sabrán que sus propios fieles mediante una encuesta hicieron que la Secretaría de Salud autorizara el uso de la pastilla del día siguiente y que 85 por ciento de los católicos según otra encuesta divulgada por Católicas por el Derecho a Decidir está de acuerdo en el uso del condón para prevenir el sida? Estos indicadores y otros como el descenso del porcentaje de bodas religiosas y la crisis de vocación sacerdotal, ¿no significarán que el clero ya perdió el piso del pueblo que dice pastorear?
Si lesbianas y homosexuales quieren casarse por amor o sólo para dar seguridad jurídica a sus parejas, heredarles su bienes o simplemente para inscribirlos en el seguro social y pagan como cualquier ciudadano sus impuestos, ¿por qué habremos de impedirlo? ¿Por qué no dejarlos adoptar a uno de esos cientos de niños que la Iglesia y su principales feligreses no han querido adoptar?
gran.union.librepensadores@gmail.com
El cardenal y Dios contra el orden social
El cardenal y Dios contra el orden social
Por: Bernardo Barranco V.
Principalmente por la actitud y forma, el cardenal Norberto Rivera aparece como un actor teocrático que intenta someter la racionalidad política y jurídica del país a los principios religiosos.
Cuando Rivera afirma la supremacía de la ley divina sobre el orden secular realmente existente se coloca como un ayatola de la intransigencia religiosa y de certezas absolutas, de tal suerte que la discusión sobre los matrimonios gays y las adopciones, punto central del debate, en momentos ha pasado a segundo plano. El acto comunicativo del cardenal cancela la discusión de un tema álgido para dar lugar a los reproches, las descalificaciones, las amenazas y los chantajes entre los diversos actores involucrados. Las declaraciones y los posicionamientos acostumbrados, a manera de ritual litúrgico, han mostrado la falta de conceptualización y la pobreza argumentativa de los diferentes protagonistas.
Ahora, lo que flota en el ánimo de la discusión es la búsqueda de fórmulas que permitan la convivencia entre la religión y la política. Dicho de otra manera: si los principios católicos y la política parecieran ser irreconciliables, más bien lo importante a saber es si la democracia podrá ser compatible y coexistir con una religión que ambiciona dirigir la política y a la clase política, como en la Edad Media o en los actuales integrismos islámicos. O, por el contrario, concediendo la óptica del cardenal, cómo podrá prevalecer la cultura católica si la política y cultura modernas intentan manipular o subordinar lo religioso, como sucedió en las experiencias comunistas o las dictaduras sudamericanas que demolían todo en nombre de una sociedad occidental y cristiana, es decir, se apropiaron de lo religioso para justificar la represión.
El Estado laico permite a cualquier iglesia defender y sostener hasta con pasión sus posturas; sin embargo, el Estado laico no puede resistir ni tolerar la amenaza ni la deconstrucción de sus fundamentos basados en el respeto a la pluralidad, en la tolerancia y la equidad, especialmente ante las minorías.
El Estado laico supone el respeto a los principios y fundamentos, que le permite regular la convivencia pacífica de las diversidades. En la antigüedad y en la Edad Media los ordenamientos religiosos eran el sustento básico de las normas de la sociedad; de ahí que los códigos éticos y las nociones cardinales de la moral eran claramente confesionales. La identidad societaria era esencialmente religiosa; el carácter divino de las leyes, además de hacerlas irrefutables, las volvía obligatorias tanto para el individuo como para la comunidad; su cumplimiento convierte al sujeto en virtuoso merecedor de premios o, por el contrario, de castigos. Con el advenimiento de la modernidad, la razón instrumental establece diferenciaciones, y una de las características notables de esta modernidad es que rechaza a Dios como jefe de Estado.
En cada sexenio, el cardenal ha desatado altercados y tormentas por sus posturas de rechazo al orden social establecido.
Recordemos: en tiempos de Zedillo, con apenas un año en la arquidiócesis, Rivera reivindicó en una homilía inflamada, el 20 de octubre de 1997, la acción política de la Iglesia católica e incluso llamó a la desobediencia civil.
Oficiosamente fue apercibido tímidamente por la Subsecretaría de Asuntos Religiosos, encabezada por Rafael Rodríguez Barrera en ese entonces. El gobierno amagó a la arquidiócesis con retirarle su registro como asociación religiosa. Esa actitud hizo que el clero católico cerrara filas en torno del arzobispo, recibiendo el apoyo de diferentes voces democráticas y fuerzas políticas, entre ellas las del PRD con Cuauhtémoc Cárdenas, pidiendo al gobierno mayor tolerancia y mayor libertad de expresión para las iglesias.
El segundo caso de posicionamiento agresivo fue en octubre de 2005, en el gobierno de Vicente Fox, en torno a la eutanasia. El cardenal nuevamente propuso negar obediencia al gobierno y al orden legal constituido; aquí sorpresivamente recibió el apoyo del entonces secretario Carlos María Abascal, quien se detentó jusnaturalista frente al derecho positivo imperante en este país desde las leyes de Reforma, postura válida para un creyente, pero cuestionable con la más alta investidura de ser el único secretario de Gobernación que avala la supremacía del derecho natural sobre el positivo. Y bajo la figura de la "“objeción de conciencia”" –jurídicamente inexistente en México– condescendió al llamado a la desobediencia civil propuesta por el cardenal (La Jornada, 19/10/05).
Norberto Rivera tiene genes cristeros, heredados de uno de sus maestros, el ultraconservador y controvertido obispo de Durango, Antonio López Aviña (1915-2004), quien soñaba construir una república católica sustentada por movimientos socialcristianos tipo falanges franquistas. Ése es quizás el modelo que Rivera evoca imprudentemente atrayendo las posturas de las gestas cristeras que llegan a cimbrar peligrosamente el sistema político mexicano. Rivera Carrera obliga a muchos obispos, ya en el ojo de tormentas, a posicionarse a su lado probablemente sin estar del todo de acuerdo en las formas ni procedimientos de confrontación directa y ruda.
A diferencia del torbellino de 2007 en torno al aborto, en el que prácticamente el cardenal se quedó solo, ahora ha aprovechado que un sector significativo de la sociedad mexicana no está en favor de los matrimonios gays y rechaza fundamentalmente el tema de la adopción. El cardenal ha logrado movilizar y agrupar a los sectores más conservadores del PAN, encabezados por su presidente César Nava, señalado por Luis Paredes en su libro Los secretos del Yunque como uno de sus más prominentes activistas; igualmente el cardenal ha contado con el sustento de diversas agrupaciones evangélicas.
Más allá del desenlace para revertir la reforma aprobada por la Asamblea Legislativa del Distrito Federal quedan preguntas entre los creyentes en un contexto secular: ¿el Estado laico puede tener una ética política sin un fundamento espiritual ni de trascendencia? O, dicho de otro modo, ¿el Estado puede ser legítimo al poseer una moral laica que prescinda de Dios?
gran.union.librepensadores@gmail.com
Por: Bernardo Barranco V.
Principalmente por la actitud y forma, el cardenal Norberto Rivera aparece como un actor teocrático que intenta someter la racionalidad política y jurídica del país a los principios religiosos.
Cuando Rivera afirma la supremacía de la ley divina sobre el orden secular realmente existente se coloca como un ayatola de la intransigencia religiosa y de certezas absolutas, de tal suerte que la discusión sobre los matrimonios gays y las adopciones, punto central del debate, en momentos ha pasado a segundo plano. El acto comunicativo del cardenal cancela la discusión de un tema álgido para dar lugar a los reproches, las descalificaciones, las amenazas y los chantajes entre los diversos actores involucrados. Las declaraciones y los posicionamientos acostumbrados, a manera de ritual litúrgico, han mostrado la falta de conceptualización y la pobreza argumentativa de los diferentes protagonistas.
Ahora, lo que flota en el ánimo de la discusión es la búsqueda de fórmulas que permitan la convivencia entre la religión y la política. Dicho de otra manera: si los principios católicos y la política parecieran ser irreconciliables, más bien lo importante a saber es si la democracia podrá ser compatible y coexistir con una religión que ambiciona dirigir la política y a la clase política, como en la Edad Media o en los actuales integrismos islámicos. O, por el contrario, concediendo la óptica del cardenal, cómo podrá prevalecer la cultura católica si la política y cultura modernas intentan manipular o subordinar lo religioso, como sucedió en las experiencias comunistas o las dictaduras sudamericanas que demolían todo en nombre de una sociedad occidental y cristiana, es decir, se apropiaron de lo religioso para justificar la represión.
El Estado laico permite a cualquier iglesia defender y sostener hasta con pasión sus posturas; sin embargo, el Estado laico no puede resistir ni tolerar la amenaza ni la deconstrucción de sus fundamentos basados en el respeto a la pluralidad, en la tolerancia y la equidad, especialmente ante las minorías.
El Estado laico supone el respeto a los principios y fundamentos, que le permite regular la convivencia pacífica de las diversidades. En la antigüedad y en la Edad Media los ordenamientos religiosos eran el sustento básico de las normas de la sociedad; de ahí que los códigos éticos y las nociones cardinales de la moral eran claramente confesionales. La identidad societaria era esencialmente religiosa; el carácter divino de las leyes, además de hacerlas irrefutables, las volvía obligatorias tanto para el individuo como para la comunidad; su cumplimiento convierte al sujeto en virtuoso merecedor de premios o, por el contrario, de castigos. Con el advenimiento de la modernidad, la razón instrumental establece diferenciaciones, y una de las características notables de esta modernidad es que rechaza a Dios como jefe de Estado.
En cada sexenio, el cardenal ha desatado altercados y tormentas por sus posturas de rechazo al orden social establecido.
Recordemos: en tiempos de Zedillo, con apenas un año en la arquidiócesis, Rivera reivindicó en una homilía inflamada, el 20 de octubre de 1997, la acción política de la Iglesia católica e incluso llamó a la desobediencia civil.
Oficiosamente fue apercibido tímidamente por la Subsecretaría de Asuntos Religiosos, encabezada por Rafael Rodríguez Barrera en ese entonces. El gobierno amagó a la arquidiócesis con retirarle su registro como asociación religiosa. Esa actitud hizo que el clero católico cerrara filas en torno del arzobispo, recibiendo el apoyo de diferentes voces democráticas y fuerzas políticas, entre ellas las del PRD con Cuauhtémoc Cárdenas, pidiendo al gobierno mayor tolerancia y mayor libertad de expresión para las iglesias.
El segundo caso de posicionamiento agresivo fue en octubre de 2005, en el gobierno de Vicente Fox, en torno a la eutanasia. El cardenal nuevamente propuso negar obediencia al gobierno y al orden legal constituido; aquí sorpresivamente recibió el apoyo del entonces secretario Carlos María Abascal, quien se detentó jusnaturalista frente al derecho positivo imperante en este país desde las leyes de Reforma, postura válida para un creyente, pero cuestionable con la más alta investidura de ser el único secretario de Gobernación que avala la supremacía del derecho natural sobre el positivo. Y bajo la figura de la "“objeción de conciencia”" –jurídicamente inexistente en México– condescendió al llamado a la desobediencia civil propuesta por el cardenal (La Jornada, 19/10/05).
Norberto Rivera tiene genes cristeros, heredados de uno de sus maestros, el ultraconservador y controvertido obispo de Durango, Antonio López Aviña (1915-2004), quien soñaba construir una república católica sustentada por movimientos socialcristianos tipo falanges franquistas. Ése es quizás el modelo que Rivera evoca imprudentemente atrayendo las posturas de las gestas cristeras que llegan a cimbrar peligrosamente el sistema político mexicano. Rivera Carrera obliga a muchos obispos, ya en el ojo de tormentas, a posicionarse a su lado probablemente sin estar del todo de acuerdo en las formas ni procedimientos de confrontación directa y ruda.
A diferencia del torbellino de 2007 en torno al aborto, en el que prácticamente el cardenal se quedó solo, ahora ha aprovechado que un sector significativo de la sociedad mexicana no está en favor de los matrimonios gays y rechaza fundamentalmente el tema de la adopción. El cardenal ha logrado movilizar y agrupar a los sectores más conservadores del PAN, encabezados por su presidente César Nava, señalado por Luis Paredes en su libro Los secretos del Yunque como uno de sus más prominentes activistas; igualmente el cardenal ha contado con el sustento de diversas agrupaciones evangélicas.
Más allá del desenlace para revertir la reforma aprobada por la Asamblea Legislativa del Distrito Federal quedan preguntas entre los creyentes en un contexto secular: ¿el Estado laico puede tener una ética política sin un fundamento espiritual ni de trascendencia? O, dicho de otro modo, ¿el Estado puede ser legítimo al poseer una moral laica que prescinda de Dios?
gran.union.librepensadores@gmail.com
Derecha declara guerra virtual contra asambleistas por bodas gay

Derecha declara guerra virtual contra asambleistas por bodas gay
Por: Juan Pablo Proal
México, D.F., 14 de enero (apro).- La Unión Nacional de Padres de Familia (UNPF) convocó a sus agremiados a enviar correos masivos contra los asambleistas del Distrito Federal para expresar su desacuerdo por la reciente aprobación de matrimonios entre homosexuales.
Consuelo Mendoza García, presidenta de la UNPF, exigió a la Asamblea Legislativa convocar a una consulta ciudadana para reconsiderar la autorización de unión de personas del mismo sexo.
“La familia está formada por un hombre y por una mujer con lazos de sangre, de amor y lazos jurídicos”, definió.
La UNPF es una organización de derecha fundada hace ochenta años, después de un llamado del Papa León XIII en su encíclica Rerum Novarum, para combatir al espíritu “jacobino” de la época.
Esta organización iniciará este sábado una campaña por todo el país para bombardear los correos electrónicos y teléfonos celulares de todos los legisladores del Distrito Federal que votaron a favor de las uniones gay.
“No vamos a ceder hasta que estén saturados los teléfonos y correos de los legisladores”, amenazó.
Las acciones de la UNPF coinciden con el anuncio del PAN de emprender una consulta en 40 puntos del Distrito Federal sobre los matrimonios entre homosexuales. Ambas organizaciones comenzarán sus campañas a partir del sábado.
La UNPF se quiso deslindar del PAN. La presidenta del organismo dijo ignorar el por qué de la coincidencia entre ambas campañas.
Mendoza García citó una encuesta de María de las Heras que concluye que el 78 por ciento de los ciudadanos se opone a las bodas gay para reforzar sus argumentos en contra de las uniones entre personas del mismo sexo.
gran.union.librepensadores@gmail.com

Iglesia católica refrenda descalificaciones contra homosexuales
Por: Rodrigo Vera
MÉXICO, DF, 19 de enero (apro).- La Conferencia del Episcopado Mexicano (CEM) volvió hoy a condenar los matrimonios entre homosexuales, a pesar del diálogo que, para limar asperezas, actualmente sostiene con el Partido de la Revolución Democrática (PRD), principal impulsor de la legalización de este tipo de enlaces.
José Guadalupe Martín Rábago, arzobispo de León, reprobó estas uniones, al señalar que la homosexualidad es una desviación: “El ejercicio de la homosexualidad es una desviación, objetivamente hablando es una falta moral”.
En conferencia de prensa, Martín Rábago aclaró que, no por esto, la Iglesia condena a los homosexuales:
“La Iglesia no sataniza a los homosexuales, no hay una posición de satanización. Para decirlo de una manera usada en los medios de comunicación; no hay homofobia de parte nuestra”.
Alberto Suárez Inda, arzobispo de Morelia y también presente en la conferencia de prensa, realizada en la sede del Episcopado, instó a los homosexuales a que dominen sus instintos:
“Lo importante es que el hombre tenga capacidad de dominio sobre sus pasiones, sobre sus instintos, que sepa comportarse a la altura de lo que es; una persona que sabe valorar su propio cuerpo y entienda el verdadero sentido del amor”.
Por su parte, la coordinación de prensa del PRD en el Senado informó que líderes del partido se reunieron ayer lunes precisamente con Suárez Inda y otros obispos, a fin de hacer las paces con la Iglesia, luego del enfrentamiento y las mutuas descalificaciones que provocó la aprobación de las bodas gay en el Distrito Federal.
Por parte del PRD, al encuentro acudieron Carlos Navarrete, coordinador en el Senado de los legisladores perredistas; Silvano Aureoles Conejo, el vicecoordinador; así como el diputado Guadalupe Acosta Naranjo.
Por el lado de la CEM, acudió su presidente, Carlos Aguiar Retes, así como los 22 miembros de su Consejo Permanente.
Dijo el senador Navarrete sobre el encuentro:
“Hemos logrado un diálogo de confianza. Y con este encuentro estamos iniciando una nueva etapa de una relación institucional entre el PRD y la dirigencia de la Iglesia católica, que debe ser valorada adecuadamente por todos”.
Y agregó que, en el futuro, cualquier diferencia será resuelta mediante “un diálogo directo, sin intermediarios, no mediático, sino en los espacios que juntos acordemos”.
Quien se mostró renuente a dialogar con el PRD fue el cardenal Norberto Rivera Carrera, arzobispo primado de México, ya que –dijo-- “no es posible el intercambio de opiniones en un ambiente en el que no impera el respeto a la persona, a su dignidad, al derecho fundamental de la libre expresión, a sus valores y creencias religiosas”.
Rivera Carrera puso dos condiciones para entablar un diálogo con el PRD: que este partido retire las demandas interpuestas contra él, y que el diputado local Víctor Hugo Romo ofrezca una disculpa pública por haber calumniado al ya fallecido cardenal Ernesto Corripio Ahumada, a quien acusó de haber procreado hijos.
El día de hoy, la dirigencia del Episcopado, encabezada por Aguiar Retes, sostuvo también un encuentro con el presidente Felipe Calderón, en la residencia oficial de Los Pinos.
Al salir de la reunión, Aguiar Retes aclaró que en ella no se trató el tema de las bodas gay:
“Sólo le expresamos al señor presidente lo que, como Iglesia católica, estamos proponiendo para colaborar en la reconstrucción del tejido social”, dijo el presidente del Episcopado.
Y adelantó que, el próximo 15 de febrero, la CEM dará a conocer un documento relativo a la inseguridad y a la violencia que vive el país.
gran.union.librepensadores@gmail.com
¿Por qué tanto miedo?
¿Por qué tanto miedo?
Por: Marta Lamas
MÉXICO, D.F., 19 de enero.- Muchos temores y aprehensiones rodean la cuestión de la crianza infantil a cargo de lesbianas y gays. Parte sustantiva del rechazo a que personas homosexuales adopten criaturas responde a una ignorancia generalizada sobre los efectos de la orientación sexual de los adultos sobre los niños. Desde un discurso fundamentado en la biología reproductiva, los conservadores aducen que, puesto que dos hombres o dos mujeres no pueden producir hijos entre ellos, no deberían tener derecho a criarlos. Si la “naturaleza” no les permite procrear juntos, ¿por qué aceptar socialmente que adopten? Lo tramposo del recurso retórico sobre “la naturaleza” es que sólo se utiliza para poner objeciones a nuevos arreglos sociales y no para otro tipo de avances humanos. Un caso: si la “naturaleza” no nos dio alas, ¿por qué entonces volar en aviones? Hay mil ejemplos más que muestran cómo los seres humanos rebasamos las limitaciones que “la naturaleza” nos impone y creamos socialmente nuevas condiciones de vida.
Una de las preocupaciones más reiteradas en relación con la adopción por gays es la duda sobre el eventual daño psicológico que las criaturas podrían sufrir si se crían en hogares homoparentales. “Nadie es producto de dos hombres o de dos mujeres. Si se permite la adopción por parejas homosexuales, esas criaturas tendrán dos padres o dos madres”.
Está más que probado que no provoca daños crecer entre mujeres (madre, abuela, tías) o entre hombres, lo que es menos frecuente. ¿Por qué en este caso sí lo haría? ¿Por el “mal ejemplo” de la homosexualidad? Creer que la orientación sexual de quienes crían niños es un requisito básico para la salud mental de éstos es eludir, muy convenientemente, el hecho innegable de que son justamente familias heterosexuales las que han estado produciendo psicóticos y personas con todo tipo de conductas delincuenciales. Además está comprobado que la proclividad a la homosexualidad se da en familias de padres y madres heterosexuales, lo cual tira al suelo el argumento de que la combinación de los sexos de los progenitores determina el desarrollo afectivo de sus hijos. Y según el psicoanálisis, ni el sexo ni la orientación sexual de los padres garantizan una réplica en las elecciones erótico-amorosas de los hijos.
Terapeutas que tienen una práctica clínica con familias homoparentales aseguran que no se requiere la presencia de los dos sexos en el hogar para que la infancia crezca bien. Lo imprescindible es proteger a los niños de la violencia, el maltrato psicológico y el descuido parentales, conductas que no dependen de la orientación sexual de los padres/madres.
Por eso, más que intentar preservar el modelo de familia tradicional como paradigma del bienestar infantil, habría que entender qué requieren las criaturas para desarrollarse adecuadamente. La oposición a que los gays adopten sugiere, de manera errónea, que la orientación sexual es una característica decisiva del ejercicio parental.. Sin embargo es mucho más importante tener una madre tranquila que una angustiada, un padre cariñoso que uno violento, independientemente de sus prácticas sexuales.
Las familias homoparentales existen hace tiempo y ya han sido estudiadas con el objetivo de ver si las lesbianas y gays que crían infantes los exponen a peligros y daños mayores que los que podrían enfrentar si fueran criados por heterosexuales. Las investigaciones sobre homoparentalidad hablan de ambientes familiares menos violentos y con una división más igualitaria del trabajo doméstico y la crianza. Claro que estos resultados alentadores son discutidos por investigadores anti-gay, que afirman tener pruebas contrarias. Al revisar dichos estudios, aparecen problemas y conflictos debidos a la estigmatización de la homosexualidad. O sea, los “daños” no se derivan de la orientación sexual de los padres/madres, sino de la homofobia social y de las dificultades que produce. Es necesario contar con investigaciones no ideologizadas para conocer más certeramente qué ocurre con el cuidado infantil dentro de las familias, y no sólo en las homoparentales, sino también en las tradicionales.
Gran parte de las madres lesbianas y los padres gays han procreado en matrimonios “tradicionales”, tratando de evitar así las consecuencias sociales de la homofobia. Pero como la homosexualidad empieza a tener más aceptación social, cada vez menos personas homosexuales se casan con heterosexuales para cubrir las apariencias. Por eso también es que surge la demanda de la adopción.
Antes de obstaculizar esta medida antidiscriminatoria, sería provechoso abrir un debate público sobre las condiciones necesarias para realizar una buena adopción. El primer punto podría consistir en ver cómo se garantiza que todos los niños adoptados estén realmente protegidos de la violencia y el maltrato emocional, de los prejuicios y la ignorancia, independientemente de si viven en familias heteroparentales u homoparentales. Eso sí, algo indispensable para poder debatir con una cierta racionalidad en el contexto homofóbico en México sería escuchar a quienes tienen conocimientos sobre el desarrollo infantil y el psiquismo humano. Tal vez así se podrán desmontar algunos prejuicios.
gran.union.librepensadores@gmail.com
Por: Marta Lamas
MÉXICO, D.F., 19 de enero.- Muchos temores y aprehensiones rodean la cuestión de la crianza infantil a cargo de lesbianas y gays. Parte sustantiva del rechazo a que personas homosexuales adopten criaturas responde a una ignorancia generalizada sobre los efectos de la orientación sexual de los adultos sobre los niños. Desde un discurso fundamentado en la biología reproductiva, los conservadores aducen que, puesto que dos hombres o dos mujeres no pueden producir hijos entre ellos, no deberían tener derecho a criarlos. Si la “naturaleza” no les permite procrear juntos, ¿por qué aceptar socialmente que adopten? Lo tramposo del recurso retórico sobre “la naturaleza” es que sólo se utiliza para poner objeciones a nuevos arreglos sociales y no para otro tipo de avances humanos. Un caso: si la “naturaleza” no nos dio alas, ¿por qué entonces volar en aviones? Hay mil ejemplos más que muestran cómo los seres humanos rebasamos las limitaciones que “la naturaleza” nos impone y creamos socialmente nuevas condiciones de vida.
Una de las preocupaciones más reiteradas en relación con la adopción por gays es la duda sobre el eventual daño psicológico que las criaturas podrían sufrir si se crían en hogares homoparentales. “Nadie es producto de dos hombres o de dos mujeres. Si se permite la adopción por parejas homosexuales, esas criaturas tendrán dos padres o dos madres”.
Está más que probado que no provoca daños crecer entre mujeres (madre, abuela, tías) o entre hombres, lo que es menos frecuente. ¿Por qué en este caso sí lo haría? ¿Por el “mal ejemplo” de la homosexualidad? Creer que la orientación sexual de quienes crían niños es un requisito básico para la salud mental de éstos es eludir, muy convenientemente, el hecho innegable de que son justamente familias heterosexuales las que han estado produciendo psicóticos y personas con todo tipo de conductas delincuenciales. Además está comprobado que la proclividad a la homosexualidad se da en familias de padres y madres heterosexuales, lo cual tira al suelo el argumento de que la combinación de los sexos de los progenitores determina el desarrollo afectivo de sus hijos. Y según el psicoanálisis, ni el sexo ni la orientación sexual de los padres garantizan una réplica en las elecciones erótico-amorosas de los hijos.
Terapeutas que tienen una práctica clínica con familias homoparentales aseguran que no se requiere la presencia de los dos sexos en el hogar para que la infancia crezca bien. Lo imprescindible es proteger a los niños de la violencia, el maltrato psicológico y el descuido parentales, conductas que no dependen de la orientación sexual de los padres/madres.
Por eso, más que intentar preservar el modelo de familia tradicional como paradigma del bienestar infantil, habría que entender qué requieren las criaturas para desarrollarse adecuadamente. La oposición a que los gays adopten sugiere, de manera errónea, que la orientación sexual es una característica decisiva del ejercicio parental.. Sin embargo es mucho más importante tener una madre tranquila que una angustiada, un padre cariñoso que uno violento, independientemente de sus prácticas sexuales.
Las familias homoparentales existen hace tiempo y ya han sido estudiadas con el objetivo de ver si las lesbianas y gays que crían infantes los exponen a peligros y daños mayores que los que podrían enfrentar si fueran criados por heterosexuales. Las investigaciones sobre homoparentalidad hablan de ambientes familiares menos violentos y con una división más igualitaria del trabajo doméstico y la crianza. Claro que estos resultados alentadores son discutidos por investigadores anti-gay, que afirman tener pruebas contrarias. Al revisar dichos estudios, aparecen problemas y conflictos debidos a la estigmatización de la homosexualidad. O sea, los “daños” no se derivan de la orientación sexual de los padres/madres, sino de la homofobia social y de las dificultades que produce. Es necesario contar con investigaciones no ideologizadas para conocer más certeramente qué ocurre con el cuidado infantil dentro de las familias, y no sólo en las homoparentales, sino también en las tradicionales.
Gran parte de las madres lesbianas y los padres gays han procreado en matrimonios “tradicionales”, tratando de evitar así las consecuencias sociales de la homofobia. Pero como la homosexualidad empieza a tener más aceptación social, cada vez menos personas homosexuales se casan con heterosexuales para cubrir las apariencias. Por eso también es que surge la demanda de la adopción.
Antes de obstaculizar esta medida antidiscriminatoria, sería provechoso abrir un debate público sobre las condiciones necesarias para realizar una buena adopción. El primer punto podría consistir en ver cómo se garantiza que todos los niños adoptados estén realmente protegidos de la violencia y el maltrato emocional, de los prejuicios y la ignorancia, independientemente de si viven en familias heteroparentales u homoparentales. Eso sí, algo indispensable para poder debatir con una cierta racionalidad en el contexto homofóbico en México sería escuchar a quienes tienen conocimientos sobre el desarrollo infantil y el psiquismo humano. Tal vez así se podrán desmontar algunos prejuicios.
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Sin argumentos
Roberto Blancarte
Luego de la aprobación del matrimonio entre personas del mismo sexo por la Asamblea Legislativa del Distrito Federal ha habido de todo, o casi de todo, con excepción de argumentos razonables. El mejor ejemplo de esto es la famosa frase del obispo de Ecatepec, Onésimo Cepeda: “Se me hace una estupidez”. Quien luego dijo que así le parecía “porque no es un matrimonio; entonces, si no es un matrimonio, no se puede formar un hogar y uno no puede tener hijos”. Básicamente, éste ha sido el único argumento expuesto por la jerarquía católica. Lo repito porque es lo que se denomina un razonamiento tautológico: algo “es porque es” o “no es porque no es”. Para la jerarquía católica y algunos otros dirigentes religiosos el matrimonio entre personas del mismo sexo no puede ser porque su particular interpretación de su doctrina les dice lo contrario; fuera de su mundo nada ni nadie existe, nada ni nadie tiene derechos. Ignoran la realidad constitucional, la legal, la social y la cultural. Si ellos dicen que eso no es matrimonio, no lo es. Poco importa lo que digan los legisladores, los científicos sociales, los biólogos y otros especialistas. Desde su moral, estos “líderes” religiosos pretenden normar su mundo y también el mundo exterior a su Iglesia. No importan los argumentos.
En realidad, si uno trata de desentrañar el pensamiento religioso, éste es realmente básico: un matrimonio está hecho para procrear, según su lógica y, por lo tanto, si los homosexuales no pueden tener hijos, no deberían tener derecho a contraerlo. El arzobispo de la Ciudad de México lo dijo claramente: los homosexuales no pueden pretender constituir una familia y, por lo tanto, no pueden adoptar. En la lógica del episcopado católico y de algunos liderazgos cristianos conservadores, una pareja que no se reproduce no puede considerarse una familia. Pero en esta argumentación hay una trampa: están excluyendo de su concepción de familia a muchas parejas heterosexuales que no pueden tener de manera “natural” hijos, pero también a muchas personas, incluso religiosas, que no tienen prole naturalmente, pero que se dedican a tener “casas” u “hogares”, para cuidar niños y, por lo menos teórica o espiritualmente, formar una gran familia con ellos. Si uno sigue el argumento de los dirigentes religiosos, entonces ninguna de estas organizaciones debería tener el derecho de cuidar menores de edad. Pero, según esa lógica, tampoco las parejas estériles deberían poder adoptar, puesto que no pueden reproducirse naturalmente. De hecho, si extendemos esta argumentación, uno tendría que agregar en la lista de personas sin derechos a cualquiera que en teoría no puede o no debe reproducirse, y eso incluye a los sacerdotes y religiosas célibes.
¿Quién dice que las parejas homosexuales no pueden formar una familia? ¿Quién puede afirmar que sólo los heterosexuales pueden hacerlo? ¿Quién dice que los menores de edad sólo pueden vivir felices con parejas heterosexuales? ¿Quién puede sostener que una pareja de homosexuales no puede darle más cariño y amor a un niño que viene de un “hogar” heterosexual pero violento?
En el fondo, el temor de algunos es que las parejas homosexuales abusen de sus propios hijos adoptivos. Pero nuevamente, quienes así piensen, están confundiendo homosexualidad con pederastia. A estas personas se les olvida que buena parte de los abusadores de niños son heterosexuales, con familias, cónyuges e hijos. Se les olvida también (y por eso los dirigentes religiosos no han insistido en ello) que muchos sacerdotes son los principales depredadores de menores de edad, niños o niñas. No hay más que repasar algunas noticias recientes para confirmar lo antes dicho: casas-hogar ligadas a iglesias cristianas donde hay niños que han desaparecido, miles de menores de edad abusados sexualmente en seminarios o en casas parroquiales. Lo curioso es que los dirigentes religiosos han distorsionado la realidad con sus argumentos moralistas y se presentan como los grandes protectores de la niñez, cuando en realidad hay mucho más evidencia de abuso sexual a menores por parte de religiosos que de otros grupos.
Pero el arzobispo de México, quien por cierto no se ha distinguido en defender a menores de edad de los depredadores sexuales en su Iglesia, hoy encabeza una cruzada que es más política que moral. Ahora escogió como blanco de sus ataques al gobierno del Distrito Federal y al PRD. Al grado que por primera vez en años comenzó a criticar los aumentos de impuestos en la ciudad y empezó a defender a los pobres; asuntos que antes no le preocupaban ni le parecían importantes. Al punto que sus voceros pueden difundir patrañas y mentiras tan absurdas como que diez mil iglesias evangélicas se han unido al frente católico. No hay en México tantas iglesias evangélicas. En la Secretaría de Gobernación no hay más de cuatro mil registradas y dudo mucho que todas ellas se hayan adherido a esta causa. En todo caso, la ira moralista del arzobispo lo ha puesto en el límite de la ley, si no es que fuera de ella; ésa que él sólo respeta si está de acuerdo a sus principios religiosos. Seguramente lanzará a sus huestes más fanáticas en una cruzada que rayará en la homofobia y la discriminación. Sin mayores argumentos.
Roberto Blancarte
Luego de la aprobación del matrimonio entre personas del mismo sexo por la Asamblea Legislativa del Distrito Federal ha habido de todo, o casi de todo, con excepción de argumentos razonables. El mejor ejemplo de esto es la famosa frase del obispo de Ecatepec, Onésimo Cepeda: “Se me hace una estupidez”. Quien luego dijo que así le parecía “porque no es un matrimonio; entonces, si no es un matrimonio, no se puede formar un hogar y uno no puede tener hijos”. Básicamente, éste ha sido el único argumento expuesto por la jerarquía católica. Lo repito porque es lo que se denomina un razonamiento tautológico: algo “es porque es” o “no es porque no es”. Para la jerarquía católica y algunos otros dirigentes religiosos el matrimonio entre personas del mismo sexo no puede ser porque su particular interpretación de su doctrina les dice lo contrario; fuera de su mundo nada ni nadie existe, nada ni nadie tiene derechos. Ignoran la realidad constitucional, la legal, la social y la cultural. Si ellos dicen que eso no es matrimonio, no lo es. Poco importa lo que digan los legisladores, los científicos sociales, los biólogos y otros especialistas. Desde su moral, estos “líderes” religiosos pretenden normar su mundo y también el mundo exterior a su Iglesia. No importan los argumentos.
En realidad, si uno trata de desentrañar el pensamiento religioso, éste es realmente básico: un matrimonio está hecho para procrear, según su lógica y, por lo tanto, si los homosexuales no pueden tener hijos, no deberían tener derecho a contraerlo. El arzobispo de la Ciudad de México lo dijo claramente: los homosexuales no pueden pretender constituir una familia y, por lo tanto, no pueden adoptar. En la lógica del episcopado católico y de algunos liderazgos cristianos conservadores, una pareja que no se reproduce no puede considerarse una familia. Pero en esta argumentación hay una trampa: están excluyendo de su concepción de familia a muchas parejas heterosexuales que no pueden tener de manera “natural” hijos, pero también a muchas personas, incluso religiosas, que no tienen prole naturalmente, pero que se dedican a tener “casas” u “hogares”, para cuidar niños y, por lo menos teórica o espiritualmente, formar una gran familia con ellos. Si uno sigue el argumento de los dirigentes religiosos, entonces ninguna de estas organizaciones debería tener el derecho de cuidar menores de edad. Pero, según esa lógica, tampoco las parejas estériles deberían poder adoptar, puesto que no pueden reproducirse naturalmente. De hecho, si extendemos esta argumentación, uno tendría que agregar en la lista de personas sin derechos a cualquiera que en teoría no puede o no debe reproducirse, y eso incluye a los sacerdotes y religiosas célibes.
¿Quién dice que las parejas homosexuales no pueden formar una familia? ¿Quién puede afirmar que sólo los heterosexuales pueden hacerlo? ¿Quién dice que los menores de edad sólo pueden vivir felices con parejas heterosexuales? ¿Quién puede sostener que una pareja de homosexuales no puede darle más cariño y amor a un niño que viene de un “hogar” heterosexual pero violento?
En el fondo, el temor de algunos es que las parejas homosexuales abusen de sus propios hijos adoptivos. Pero nuevamente, quienes así piensen, están confundiendo homosexualidad con pederastia. A estas personas se les olvida que buena parte de los abusadores de niños son heterosexuales, con familias, cónyuges e hijos. Se les olvida también (y por eso los dirigentes religiosos no han insistido en ello) que muchos sacerdotes son los principales depredadores de menores de edad, niños o niñas. No hay más que repasar algunas noticias recientes para confirmar lo antes dicho: casas-hogar ligadas a iglesias cristianas donde hay niños que han desaparecido, miles de menores de edad abusados sexualmente en seminarios o en casas parroquiales. Lo curioso es que los dirigentes religiosos han distorsionado la realidad con sus argumentos moralistas y se presentan como los grandes protectores de la niñez, cuando en realidad hay mucho más evidencia de abuso sexual a menores por parte de religiosos que de otros grupos.
Pero el arzobispo de México, quien por cierto no se ha distinguido en defender a menores de edad de los depredadores sexuales en su Iglesia, hoy encabeza una cruzada que es más política que moral. Ahora escogió como blanco de sus ataques al gobierno del Distrito Federal y al PRD. Al grado que por primera vez en años comenzó a criticar los aumentos de impuestos en la ciudad y empezó a defender a los pobres; asuntos que antes no le preocupaban ni le parecían importantes. Al punto que sus voceros pueden difundir patrañas y mentiras tan absurdas como que diez mil iglesias evangélicas se han unido al frente católico. No hay en México tantas iglesias evangélicas. En la Secretaría de Gobernación no hay más de cuatro mil registradas y dudo mucho que todas ellas se hayan adherido a esta causa. En todo caso, la ira moralista del arzobispo lo ha puesto en el límite de la ley, si no es que fuera de ella; ésa que él sólo respeta si está de acuerdo a sus principios religiosos. Seguramente lanzará a sus huestes más fanáticas en una cruzada que rayará en la homofobia y la discriminación. Sin mayores argumentos.
Matrimonio y laicidad
Matrimonio y laicidad
Gabriela Rodríguez
El matrimonio entre personas del mismo sexo es expresión de la laicidad del siglo XXI. Del 2000 para acá se ha legalizado en los Países Bajos, Bélgica, España, Canadá, Sudáfrica, Noruega, Suecia y Portugal; y en algunas entidades de Estados Unidos como Massachusetts, Connecticut, Iowa, Vermont, New Hampshire y Washington DC. Otras figuras legales que reconocen uniones civiles en parejas del mismo sexo parecidas aunque no equiparables al matrimonio existen en: Alemania, Andorra, Australia, Austria, Dinamarca, Eslovenia, Finlandia, Francia, Hungría, Islandia, Israel, Luxemburgo, Nueva Zelanda, Reino Unido, República Checa y Suiza, así como en los estados de California, Distrito de Columbia, Nueva Jersey y New Hampshire, Oregon y Washington; en América Latina estas uniones tienen validez legal en Colombia, Uruguay, la ciudad de México, el estado mexicano de Coahuila, el estado brasileño de Rio Grande do Sul y tres zonas de Argentina: Buenos Aires, Villa Carlos Paz, Río Cuarto, así como la provincia de Río Negro.
El 21 de diciembre de 2009, la ALDF aprobó el matrimonio entre personas del mismo sexo incluyendo el derecho a la adopción, lo cual convierte a la ciudad de México en la única entidad de este país y la primera de América Latina que aprueba este tipo de matrimonio. Se trata de la ciudad con más católicos del mundo y que, además, está gobernada por la izquierda, tal vez por eso la jerarquía eclesial (más sus correligionarios del PAN y nuevos aliados del PRI) no sólo lo ha condenado en ejercicio de su libertad de expresión, sino que ha llegado a ofender y discriminar a quienes tienen orientaciones homosexuales. Con ello, además de generar violencia social, se atenta contra el primer artículo de nuestra Constitución, un delito penado en el Distrito Federal hasta con cinco años de prisión.
La Iglesia católica es una institución sin calidad moral para opinar al respecto, en especial por las innumerables demandas por abuso sexual de sus ministros, quienes han sido protegidos por sus autoridades sin mostrar el menor interés hacia los niños, niñas y adolescentes víctimas de tales atrocidades. Los jerarcas condenan "a quienes han arrebatado la vida de miles de mexicanos que no han logrado nacer por la práctica del aborto" y les preocupa que niños huérfanos, abandonados y no deseados puedan ser acogidos y educados por una pareja homosexual, negando la alta incidencia de violencia sexual en sus seminarios y en los hogares formados por papá, mamá e hijos.
Benedicto XVI afirmó estos días su posición fundamentalista al apegarse de manera estricta a escritos sagrados de hace más de 2 mil años: "el matrimonio entre personas del mismo sexo, al igual que el cambio climático, amenazan la creación".
De ahí la gran vigencia del último texto de José Saramago, Caín (Alfaguara, 2009), en el cual el premio Nobel dibuja el verdadero rostro del Dios bíblico del Antiguo Testamento: creador iracundo y perfecto, juez del mundo entero, castigador que presume de ser imparcial; señor capaz de todo, de lo bueno, de lo malo, de lo peor, el que condenó a Eva a someterse al hombre y a parir con dolor, quien amenazó a Adán con espinas y cardos; el que ordena a un padre que mate a su propio hijo, un señor rencoroso que manda a la ruina o una enfermedad a quien le falla; para quien nada es imposible, ni un error, ni un crimen. Cuenta que ante numerosas quejas por crímenes contra natura cometidos en Sodoma y Gomorra, el Señor decidió venir aquí abajo para poner la cuestión en limpio. Abraham le cuestionó al señor: “No es posible señor, condenar a muerte al inocente junto al culpable […] tú que eres el juez del mundo entero debes ser justo en tus sentencias. A esto respondió el señor, si yo encuentro en la ciudad de Sodoma a 50 personas inocentes perdonaré a toda la ciudad en atención a ellas […] El señor empeñó su palabra. A mí no me lo ha perecido, tan cierto como que me llamo Caín [...] Sodoma será destruida, y es posible que esta misma noche. Es posible, sí, y no será sólo Sodoma, será también Gomorra, y dos o tres ciudades de la planicie donde las costumbres sexuales se han relajado por igual, los hombres con los hombres y las mujeres apartadas […] El señor hizo entonces caer azufre y fuego sobre Sodoma y Gomorra, destruyó ambas ciudades hasta los cimientos, así como toda la región, con todos sus habitantes y vegetación […] En cuanto a la mujer de Lot, ésta miró atrás desobedeciendo la orden recibida y quedó transformada en una estatua de sal. Hasta hoy nadie ha conseguido comprender por qué fue castigada de esa manera, cuando es tan natural que queramos saber qué pasa a nuestras espaldas. Es posible que el señor hubiera querido escarmentar la curiosidad como si se tratase de un pecado mortal, pero eso tampoco va en abono de su inteligencia […] Y Caín dijo, tengo un pensamiento que no me deja. Qué pensamiento, peguntó Abraham. Pienso que había inocentes en Sodoma, y en las otras ciudades que fueron quemadas […] Los niños, los niños eran inocentes. Dios mío, murmuró Abraham, y su voz fue como un gemido. Sí, será tu dios, pero no fue el de ellos.”
gran.union.librepensadores@gmail.com
Gabriela Rodríguez
El matrimonio entre personas del mismo sexo es expresión de la laicidad del siglo XXI. Del 2000 para acá se ha legalizado en los Países Bajos, Bélgica, España, Canadá, Sudáfrica, Noruega, Suecia y Portugal; y en algunas entidades de Estados Unidos como Massachusetts, Connecticut, Iowa, Vermont, New Hampshire y Washington DC. Otras figuras legales que reconocen uniones civiles en parejas del mismo sexo parecidas aunque no equiparables al matrimonio existen en: Alemania, Andorra, Australia, Austria, Dinamarca, Eslovenia, Finlandia, Francia, Hungría, Islandia, Israel, Luxemburgo, Nueva Zelanda, Reino Unido, República Checa y Suiza, así como en los estados de California, Distrito de Columbia, Nueva Jersey y New Hampshire, Oregon y Washington; en América Latina estas uniones tienen validez legal en Colombia, Uruguay, la ciudad de México, el estado mexicano de Coahuila, el estado brasileño de Rio Grande do Sul y tres zonas de Argentina: Buenos Aires, Villa Carlos Paz, Río Cuarto, así como la provincia de Río Negro.
El 21 de diciembre de 2009, la ALDF aprobó el matrimonio entre personas del mismo sexo incluyendo el derecho a la adopción, lo cual convierte a la ciudad de México en la única entidad de este país y la primera de América Latina que aprueba este tipo de matrimonio. Se trata de la ciudad con más católicos del mundo y que, además, está gobernada por la izquierda, tal vez por eso la jerarquía eclesial (más sus correligionarios del PAN y nuevos aliados del PRI) no sólo lo ha condenado en ejercicio de su libertad de expresión, sino que ha llegado a ofender y discriminar a quienes tienen orientaciones homosexuales. Con ello, además de generar violencia social, se atenta contra el primer artículo de nuestra Constitución, un delito penado en el Distrito Federal hasta con cinco años de prisión.
La Iglesia católica es una institución sin calidad moral para opinar al respecto, en especial por las innumerables demandas por abuso sexual de sus ministros, quienes han sido protegidos por sus autoridades sin mostrar el menor interés hacia los niños, niñas y adolescentes víctimas de tales atrocidades. Los jerarcas condenan "a quienes han arrebatado la vida de miles de mexicanos que no han logrado nacer por la práctica del aborto" y les preocupa que niños huérfanos, abandonados y no deseados puedan ser acogidos y educados por una pareja homosexual, negando la alta incidencia de violencia sexual en sus seminarios y en los hogares formados por papá, mamá e hijos.
Benedicto XVI afirmó estos días su posición fundamentalista al apegarse de manera estricta a escritos sagrados de hace más de 2 mil años: "el matrimonio entre personas del mismo sexo, al igual que el cambio climático, amenazan la creación".
De ahí la gran vigencia del último texto de José Saramago, Caín (Alfaguara, 2009), en el cual el premio Nobel dibuja el verdadero rostro del Dios bíblico del Antiguo Testamento: creador iracundo y perfecto, juez del mundo entero, castigador que presume de ser imparcial; señor capaz de todo, de lo bueno, de lo malo, de lo peor, el que condenó a Eva a someterse al hombre y a parir con dolor, quien amenazó a Adán con espinas y cardos; el que ordena a un padre que mate a su propio hijo, un señor rencoroso que manda a la ruina o una enfermedad a quien le falla; para quien nada es imposible, ni un error, ni un crimen. Cuenta que ante numerosas quejas por crímenes contra natura cometidos en Sodoma y Gomorra, el Señor decidió venir aquí abajo para poner la cuestión en limpio. Abraham le cuestionó al señor: “No es posible señor, condenar a muerte al inocente junto al culpable […] tú que eres el juez del mundo entero debes ser justo en tus sentencias. A esto respondió el señor, si yo encuentro en la ciudad de Sodoma a 50 personas inocentes perdonaré a toda la ciudad en atención a ellas […] El señor empeñó su palabra. A mí no me lo ha perecido, tan cierto como que me llamo Caín [...] Sodoma será destruida, y es posible que esta misma noche. Es posible, sí, y no será sólo Sodoma, será también Gomorra, y dos o tres ciudades de la planicie donde las costumbres sexuales se han relajado por igual, los hombres con los hombres y las mujeres apartadas […] El señor hizo entonces caer azufre y fuego sobre Sodoma y Gomorra, destruyó ambas ciudades hasta los cimientos, así como toda la región, con todos sus habitantes y vegetación […] En cuanto a la mujer de Lot, ésta miró atrás desobedeciendo la orden recibida y quedó transformada en una estatua de sal. Hasta hoy nadie ha conseguido comprender por qué fue castigada de esa manera, cuando es tan natural que queramos saber qué pasa a nuestras espaldas. Es posible que el señor hubiera querido escarmentar la curiosidad como si se tratase de un pecado mortal, pero eso tampoco va en abono de su inteligencia […] Y Caín dijo, tengo un pensamiento que no me deja. Qué pensamiento, peguntó Abraham. Pienso que había inocentes en Sodoma, y en las otras ciudades que fueron quemadas […] Los niños, los niños eran inocentes. Dios mío, murmuró Abraham, y su voz fue como un gemido. Sí, será tu dios, pero no fue el de ellos.”
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Arzobispo integrista

Arzobispo integrista
Por: Carlos Martínez García
En congruencia con la doctrina de la Iglesia católica, el arzobispo Norberto Rivera exige lo imposible. Para el catolicismo romano las leyes del Estado deben reflejar las enseñanzas éticas de la institución encabezada por el obispo de Roma, es decir el Papa. La creencia se desprende de la interpretación que la jerarquía católica ha hecho históricamente de los textos bíblicos, a los que le ha sumado la tradición teológica de dos milenios.
Desde la óptica anterior, el cardenal Rivera Carrera demanda que las legislaciones nacional y locales expresen a cabalidad lo que él entiende por "“las leyes de Dios”". En esto no deberían sorprenderse quienes piden al jerarca que le baje al tono de sus airados reclamos por la modificación legal que hace posible, en la ciudad de México, el matrimonio homosexual y la posibilidad de que los así vinculados adopten infantes. Norberto Rivera reclama con estridencia la derogación de la nueva legislación, porque va a contracorriente de la concepción católica del orden social. La organización social, legal y política del país, Norberto dixit, debe ser modelada por los ordenamientos doctrinales católicos romanos.
Estamos, ni más ni menos, ante el integrismo..
El integrismo sanciona cada pensamiento y conducta de acuerdo con un canon bien asentado por los intérpretes de los textos sagrados, sean religiosos y/o políticos. En el corazón del integrista se localiza el deseo de imponer a los demás sus convicciones. No existe, para él, la diferenciación entre dentro y fuera de su ideología parroquial. Todo debe ceñirse a los ordenamientos que tiene por divinos. El integrista es adversario histórico del Estado laico.
Muchas veces hay confusión entre fundamentalismo e integrismo, y se les toma por sinónimos. La precisión de Umberto Eco clarifica el malentendido semántico: "“Por integrismo entendemos una posición religiosa y política, a la vez, que persigue hacer de ciertos principios religiosos un modelo de vida política y la fuente de las leyes del Estado”" ("“Definiciones lexicológicas”", en La intolerancia, varios autores, Ediciones Granica, 2002). En este sentido son integristas organizaciones católicas como El Yunque, en México, Osama Bin Laden y sus huestes, la Christian Coalition, organismo evangélico conservador estadunidense, y un muy amplio abanico de agrupaciones que buscan imponer mediante las estructuras de poder sus convicciones religiosas a toda la sociedad.
Todo integrista es fundamentalista, pero no todo fundamentalista es integrista. La que hacemos puede parecer una diferenciación ociosa, de tintes academicistas, pero en el matiz hay una distancia que es importante tener en cuenta al momento de los análisis que conforman nuestras decisiones y actitudes.
Aunque nunca se fueron del todo, en las últimas décadas del siglo XX vimos la resurrección de los integrismos. Mientras parecía constante el avance del Estado laico, con distintos ritmos, por todo el orbe, imperceptiblemente, se iban fortaleciendo los gurús, profetas, iluminados y santones que prometían llegar al cielo por asalto e instaurarlo como realidad factible en las sociedades terrenales. Para ellos, quienes duden de la promesa, la critiquen o desdeñen son infieles a quienes no vale la pena convencer, sino que es necesario someter. En dicha acción todos los medios son válidos. Contra los herejes, sentencian iracundos, cualquier recurso es útil dado el tamaño de su contumacia y peligrosidad.
Norberto Rivera Carrera, como buen integrista que es, seguirá lanzando anatemas contra sus adversarios. Va a continuar escudándose en la libertad de expresión, que, por otro lado, niega al interior de la Iglesia católica. Frente a tal conducta los funcionarios gubernamentales de un Estado, que inicia su proceso de laicización hace 150 años, tienen la obligación de recordarle al arzobispo que tiene todo el derecho de adoctrinar a sus feligreses, pero que se equivoca rotundamente cuando busca imponer su ideal teocrático a una sociedad cada vez más lejana de las directrices católicas romanas.
No podemos dejar pasar el tono y modos con que el obispo Rivera Carrera ha externado su descalificación de la modificación legal que amplía los derechos de los integrantes de la comunidad homosexual que quieran ejercerlos. Ya sea por lo que él directamente expresa, o a través de su vocero Hugo Valdemar, corroboramos que hace uso de ofensas y sentencias que deben ser aceptadas nada más porque las expone un llamado "“príncipe de la Iglesia (católica)”", ya que es cardenal.
Cabe destacar que, entre las maniobras para hacer creer a la opinión pública que respaldan plenamente a Norberto Rivera Carrera líderes religiosos que no son católicos, sus allegados (¿por instrucciones de él?) no vacilan en manipular la información. Por ejemplo, a los reporteros de la fuente que el domingo pasado cubrieron la misa, al distribuirles el texto de la homilía del cardenal Rivera se les aseguró que en la celebración religiosa estuvieron presentes, para respaldar la postura del jerarca, líderes evangélicos, como Arturo Farela, de la Confraternidad Nacional de Iglesias Cristinas Evangélicas. La afirmación fue tajantemente negada por el mismo pastor Farela (ver El Correo Ilustrado de ayer). Cosas del obispo Rivera Carrera y su oficina de prensa.
gran.union.librepensadores@gmail.com
La ley, el cardenal y sus cómplices
La ley, el cardenal y sus cómplices
Octavio Rodríguez Araujo
Si les das el pie agarran la mano. Esto es lo que han hecho las iglesias que han dicho que sólo obedecen a Dios. El documento leído en nombre de Norberto Rivera es realmente una pieza de antología (mal redactada) que parece rescatada de la Edad Media. Dice así en una de sus partes:"Nosotros, pastores del pueblo de Dios, tampoco podemos obedecer primero a los hombres y sus leyes antes que a Dios; toda ley humana que se le contraponga será inmoral y perversa, pues al ir contra su voluntad termina por llevar a la sociedad a la degradación moral y a su ruina" (La Jornada, 11/01/10)
Las implicaciones del texto citado son realmente una regresión a tiempos que todos, ilusamente, creímos superados hace mucho tiempo. Lo que sugiere la cita es que dichos "pastores" se han declarado en rebeldía ante las leyes que nos hemos dado, en este caso, los mexicanos. Según ese documento nuestras leyes no tienen validez alguna si se contraponen a Dios, cualquier cosa que esto signifique. Y digo esto último no por falta de respeto a quienes son religiosos, sino porque la voluntad de Dios, si acaso existe, depende de quienes dicen conocerla y que se consideran sus representantes y voceros nada más porque sí, porque ellos se asumen como tales sin sentirse obligados a demostrarlo.
A estos curas atrasados, a la vez que prepotentes y soberbios, se les hace muy fácil descalificar nuestras leyes y, no conformes con ello, llamar a desobedecerlas. Si el gobierno tuviera los pantalones que dice tener para acabar con el narcotráfico ya habría usado la ley contra ellos, traficantes de la supuesta voluntad de Dios por el simple hecho de que no están de acuerdo con los matrimonios entre personas del mismo sexo ni con el aborto. Por lo pronto, el artículo 130 constitucional establece que “las iglesias y demás agrupaciones religiosas se sujetarán a la ley”. En el inciso e de este artículo se dice: “Tampoco podrán en reunión pública, en actos del culto o de propaganda religiosa, ni en publicaciones de carácter religioso, oponerse a las leyes del país o a sus instituciones, ni agraviar, de cualquier forma, los símbolos patrios.” (Las cursivas son mías.)
Lo dicho en nombre del cardenal Rivera es suficiente para que se les cancele su agrupación religiosa y todas aquellas que dicen o digan que anteponen la supuesta voluntad de Dios, del dios que sea, a nuestras leyes vigentes. ¿Se valdrá, por ejemplo, que en mi automóvil me pase los altos porque Dios no me dijo que los respetara?
Subordinar o querer subordinar la Constitución general al catecismo Ripalda o a la Biblia o al Corán o lo que sea que represente un texto denominado sagrado, es una violación de dicha Constitución y del Estado laico que nos hemos dado los mexicanos (y que quieren revertir los curas). ¿No dice nuestra Constitución que en México hay libertad de cultos y de creencias? Esto quiere decir que cada quien cree en lo que le da la gana, o no cree y, por lo tanto, observa o no los valores de su iglesia, si la tiene, siempre y cuando se someta, como ciudadano, a las leyes vigentes en el país. Los curas quisieron tener derechos, y los tienen gracias a Carlos Salinas y sus reformas legislativas, pero al lograrlos también adquirieron obligaciones, como individuos y como organizaciones. Y una de estas obligaciones es acatar la legislación y no llamar a desobedecerla sin caer en subversión y, eventualmente, en asociación delictuosa. En caso de que esto suceda, y ya sucedió con el texto leído en la Catedral Metropolitana el domingo pasado, que les caiga el peso de la ley, comenzando por Rivera Carrera y sus cómplices ortodoxos y evangélicos que hicieron causa común con dicho propósito. Si los grupos guerrilleros que actúan al margen de la ley y llaman a proceder en contra de las instituciones de la República son perseguidos y acosados por las"fuerzas del orden", ¿qué espera la Secretaría de Gobernación para hacer lo mismo con estos sedicentes "pastores del pueblo de Dios" alebrestados, que expresamente llaman a no respetar la ley y las instituciones? ¿O la ley es para unos pero no para todos?
Si los "pastores del pueblo de Dios" están en contra del matrimonio entre personas del mismo sexo, que no los casen; nada los obliga. Gracias a hombres de visión moderna y no a curas oscurantistas, desde la Reforma existe, como matrimonio, la unión que se establece en nuestras leyes y que lleva a cabo un representante del Estado. En el caso de la Iglesia católica ni siquiera tendrían que preocuparse pues sus sacerdotes deben ser célibes, sean o no homosexuales e incluso pederastas. En referencia al aborto, tampoco tienen problema, que excomulguen a las mujeres católicas que lo practiquen y ya. ¿Dónde está la dificultad?
El matrimonio es una institución obsoleta y crecientemente en desuso. ¿Por qué se necesitaría que un funcionario civil sancione la unión de dos personas? ¿Tiene más validez que el simple deseo de una unión para hacer vida en común y, eventualmente, tener hijos propios o adoptados? Unirse ante Dios es todavía peor, pues primero habría que probar su existencia o, en caso de existir, que ese dios instituyó el matrimonio y no los hombres que hablan en su nombre sin carta poder. Entiendo que los homosexuales y las lesbianas quieran ganar el derecho al matrimonio y a adoptar hijos, es una estrategia para ser reconocidos ante la ley (que ya lo son según el artículo primero constitucional), pero en realidad no necesitan sanción alguna de un funcionario del Estado o de un ministro de cualquier culto religioso. La unión libre, denominada concubinato, también está reconocida por la ley, en este caso en el Código Civil federal. El concubinato, si bien se ve el asunto, es la forma más avanzada de unión entre dos personas que quieren constituir un hogar o una familia, puesto que es libre y sin necesidad de sanción por parte de persona ajena a la pareja. Pero este es otro asunto.
gran.union.librepensadores@gmail.com
Octavio Rodríguez Araujo
Si les das el pie agarran la mano. Esto es lo que han hecho las iglesias que han dicho que sólo obedecen a Dios. El documento leído en nombre de Norberto Rivera es realmente una pieza de antología (mal redactada) que parece rescatada de la Edad Media. Dice así en una de sus partes:"Nosotros, pastores del pueblo de Dios, tampoco podemos obedecer primero a los hombres y sus leyes antes que a Dios; toda ley humana que se le contraponga será inmoral y perversa, pues al ir contra su voluntad termina por llevar a la sociedad a la degradación moral y a su ruina" (La Jornada, 11/01/10)
Las implicaciones del texto citado son realmente una regresión a tiempos que todos, ilusamente, creímos superados hace mucho tiempo. Lo que sugiere la cita es que dichos "pastores" se han declarado en rebeldía ante las leyes que nos hemos dado, en este caso, los mexicanos. Según ese documento nuestras leyes no tienen validez alguna si se contraponen a Dios, cualquier cosa que esto signifique. Y digo esto último no por falta de respeto a quienes son religiosos, sino porque la voluntad de Dios, si acaso existe, depende de quienes dicen conocerla y que se consideran sus representantes y voceros nada más porque sí, porque ellos se asumen como tales sin sentirse obligados a demostrarlo.
A estos curas atrasados, a la vez que prepotentes y soberbios, se les hace muy fácil descalificar nuestras leyes y, no conformes con ello, llamar a desobedecerlas. Si el gobierno tuviera los pantalones que dice tener para acabar con el narcotráfico ya habría usado la ley contra ellos, traficantes de la supuesta voluntad de Dios por el simple hecho de que no están de acuerdo con los matrimonios entre personas del mismo sexo ni con el aborto. Por lo pronto, el artículo 130 constitucional establece que “las iglesias y demás agrupaciones religiosas se sujetarán a la ley”. En el inciso e de este artículo se dice: “Tampoco podrán en reunión pública, en actos del culto o de propaganda religiosa, ni en publicaciones de carácter religioso, oponerse a las leyes del país o a sus instituciones, ni agraviar, de cualquier forma, los símbolos patrios.” (Las cursivas son mías.)
Lo dicho en nombre del cardenal Rivera es suficiente para que se les cancele su agrupación religiosa y todas aquellas que dicen o digan que anteponen la supuesta voluntad de Dios, del dios que sea, a nuestras leyes vigentes. ¿Se valdrá, por ejemplo, que en mi automóvil me pase los altos porque Dios no me dijo que los respetara?
Subordinar o querer subordinar la Constitución general al catecismo Ripalda o a la Biblia o al Corán o lo que sea que represente un texto denominado sagrado, es una violación de dicha Constitución y del Estado laico que nos hemos dado los mexicanos (y que quieren revertir los curas). ¿No dice nuestra Constitución que en México hay libertad de cultos y de creencias? Esto quiere decir que cada quien cree en lo que le da la gana, o no cree y, por lo tanto, observa o no los valores de su iglesia, si la tiene, siempre y cuando se someta, como ciudadano, a las leyes vigentes en el país. Los curas quisieron tener derechos, y los tienen gracias a Carlos Salinas y sus reformas legislativas, pero al lograrlos también adquirieron obligaciones, como individuos y como organizaciones. Y una de estas obligaciones es acatar la legislación y no llamar a desobedecerla sin caer en subversión y, eventualmente, en asociación delictuosa. En caso de que esto suceda, y ya sucedió con el texto leído en la Catedral Metropolitana el domingo pasado, que les caiga el peso de la ley, comenzando por Rivera Carrera y sus cómplices ortodoxos y evangélicos que hicieron causa común con dicho propósito. Si los grupos guerrilleros que actúan al margen de la ley y llaman a proceder en contra de las instituciones de la República son perseguidos y acosados por las"fuerzas del orden", ¿qué espera la Secretaría de Gobernación para hacer lo mismo con estos sedicentes "pastores del pueblo de Dios" alebrestados, que expresamente llaman a no respetar la ley y las instituciones? ¿O la ley es para unos pero no para todos?
Si los "pastores del pueblo de Dios" están en contra del matrimonio entre personas del mismo sexo, que no los casen; nada los obliga. Gracias a hombres de visión moderna y no a curas oscurantistas, desde la Reforma existe, como matrimonio, la unión que se establece en nuestras leyes y que lleva a cabo un representante del Estado. En el caso de la Iglesia católica ni siquiera tendrían que preocuparse pues sus sacerdotes deben ser célibes, sean o no homosexuales e incluso pederastas. En referencia al aborto, tampoco tienen problema, que excomulguen a las mujeres católicas que lo practiquen y ya. ¿Dónde está la dificultad?
El matrimonio es una institución obsoleta y crecientemente en desuso. ¿Por qué se necesitaría que un funcionario civil sancione la unión de dos personas? ¿Tiene más validez que el simple deseo de una unión para hacer vida en común y, eventualmente, tener hijos propios o adoptados? Unirse ante Dios es todavía peor, pues primero habría que probar su existencia o, en caso de existir, que ese dios instituyó el matrimonio y no los hombres que hablan en su nombre sin carta poder. Entiendo que los homosexuales y las lesbianas quieran ganar el derecho al matrimonio y a adoptar hijos, es una estrategia para ser reconocidos ante la ley (que ya lo son según el artículo primero constitucional), pero en realidad no necesitan sanción alguna de un funcionario del Estado o de un ministro de cualquier culto religioso. La unión libre, denominada concubinato, también está reconocida por la ley, en este caso en el Código Civil federal. El concubinato, si bien se ve el asunto, es la forma más avanzada de unión entre dos personas que quieren constituir un hogar o una familia, puesto que es libre y sin necesidad de sanción por parte de persona ajena a la pareja. Pero este es otro asunto.
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Un banco católico alemán invierte en tabaco, armas y anticonceptivos
Un banco católico alemán invierte en tabaco, armas y anticonceptivos
02 de Agosto de 2009, 11:45am ET
BERLÍN, 2 Ago 2009 (AFP)
Un banco católico alemán lamentó el domingo haber realizado inversiones "no conformes a sus altas exigencias éticas" en laboratorios farmacéuticos que producen píldoras anticonceptivas y en empresas que fabrican armas y tabaco, en un comunicado.
Un dirigente de Pax Bank reconoció haber invertido "en dos laboratorios farmacéuticos estadounidenses que, en menor medida, fabrican medios anticonceptivos", en una entrevista a la radio católica Dom Radio, confirmando la información publicada por el semanal Der Spiegel.
Pax Bank, depositario de cuentas de instituciones y de comunidades católicas alemanas, también invirtió "en marzo 577.970 euros en el fabricante de armas BAE Systems" propietario de "870.950 euros en acciones las empresas tabaqueras estadounidenses Imperial Tabacco y American Tabacco", según Der Spiegel.
El banco afirma que las inversiones de sus fondos se hicieron pese a sus "controles internos". "Lo lamentamos y corregiremos los errores inmediatamente el lunes, sin que le afecte a nuestros clientes", añade. Pax Bank, es una cooperativa propiedad en su mayoría de las diócesis católicas alemanas, afirma en su página en internet que "realiza el equilibro entre rentabilidad e ideales cristianos".
"Los valores de activos que nos son confiados se emplean exclusivamente en inversiones conformes a la ética de la Iglesia católica, en toda responsabilidad y transparencia. Toda inversión de capital que no cumple con los principios cristianos es excluida", explica.
La Iglesia católica condena desde la aparición de la encíclica "Humanae Vitae" hace 40 años, la anticoncepción. Esta condena ha sido reiterada por el actual papa, Benedicto XVI.
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02 de Agosto de 2009, 11:45am ET
BERLÍN, 2 Ago 2009 (AFP)
Un banco católico alemán lamentó el domingo haber realizado inversiones "no conformes a sus altas exigencias éticas" en laboratorios farmacéuticos que producen píldoras anticonceptivas y en empresas que fabrican armas y tabaco, en un comunicado.
Un dirigente de Pax Bank reconoció haber invertido "en dos laboratorios farmacéuticos estadounidenses que, en menor medida, fabrican medios anticonceptivos", en una entrevista a la radio católica Dom Radio, confirmando la información publicada por el semanal Der Spiegel.
Pax Bank, depositario de cuentas de instituciones y de comunidades católicas alemanas, también invirtió "en marzo 577.970 euros en el fabricante de armas BAE Systems" propietario de "870.950 euros en acciones las empresas tabaqueras estadounidenses Imperial Tabacco y American Tabacco", según Der Spiegel.
El banco afirma que las inversiones de sus fondos se hicieron pese a sus "controles internos". "Lo lamentamos y corregiremos los errores inmediatamente el lunes, sin que le afecte a nuestros clientes", añade. Pax Bank, es una cooperativa propiedad en su mayoría de las diócesis católicas alemanas, afirma en su página en internet que "realiza el equilibro entre rentabilidad e ideales cristianos".
"Los valores de activos que nos son confiados se emplean exclusivamente en inversiones conformes a la ética de la Iglesia católica, en toda responsabilidad y transparencia. Toda inversión de capital que no cumple con los principios cristianos es excluida", explica.
La Iglesia católica condena desde la aparición de la encíclica "Humanae Vitae" hace 40 años, la anticoncepción. Esta condena ha sido reiterada por el actual papa, Benedicto XVI.
gran.union.librepensadores@gmail.com
Religión, ateísmo, poder
> Religión, ateísmo, poder
> Francisco Miñarro
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> Ponencia de Francisco Miñarro, Coordinador de la Federación Internacional de Ateos (FIdA) , presentada en las II Jornadas sobre Librepensamiento organizadas por la Federación Anarquista Ibérica (FAI) en el Teatro de las Aguas (Madrid), el pasado 17 de junio de 2009.
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>
> Habitamos en una situación histórica y económica determinada por el neoliberalismo y por el poder abstracto del capital. Esto ha dado lugar a formas de autoritarismo menos evidentes que en épocas anteriores. Aliado con este nuevo imperio está el neocristianismo, con sus diversas ramas, ficticiamente enfrentado a un creciente fenómeno de islamización en los centros urbanos de Europa y en las sociedades periféricas de Asia y África. Ambos fenómenos ideológicos se basan en la irracionalidad y en la tradición, se retroalimentan mutuamente y mantienen a la humanidad en un ilusorio pulso de "civilizaciones".
>
> La influencia moral que ejercen tiene claras consecuencias sobre la vida de la población, porque finalmente operan en el campo de la actividad política, entendida no como el conjunto de mecanismos y relaciones que favorecen la convivencia entre individuos libres, sino, por el contrario, en tanto que instrumento de control, de sedación y de adoctrinamiento. El complejo religioso, tal como se presenta en sus diversas variantes, requiere para su subsistencia de un modelo social jerárquico, y apela a la "libertad de culto" (o a la hegemonía ideológica) para imponer sus doctrinas y mantener sus privilegios.
>
> Al anclarse en mitologemas, pueden prescindir de mayores explicaciones y seguir interfiriendo en el discurso político, oponiéndose a la racionalidad crítica que debería aplicarse en dicho contexto. Una racionalidad que, por otra parte, sólo puede provenir de una posición vital ajena por completo a cualquier fideísmo.
>
> De manera que, en referencia a nuestro mundo y a nuestra cultura, la exigencia de una moral autónoma es el punto de partida necesario para una transformación radical de las relaciones sociales y para crear un espacio público de libertades reales, superando así el dominio de las ideologías religiosas o mercantiles, que reducen al ser humano a la categoría de siervo productor, de enajenado soporte de la mercancía y de objetivo pasivo de la manipulación y de la propaganda.
>
> Es éste el mejor momento, pensamos, para que el ateísmo abandone un espacio acrítico de "pura opción filosófica" para convertirse en un potente factor de transformación social. El ateísmo contemporáneo implica la "descristianización" y la "desislamización" de las sociedades, el demoler mediante una crítica subversiva, punto por punto, toda esa red de mitologemas que justifican el poder verticalizado, la desigualdad de géneros, la explotación económica o la reducción de la cultura a una simple pieza del intercambio mercantil.
>
> La jerarquía y la autoridad se basan en la aplicación terrenal de modelos celestiales. La religión es así el último bastión de cualquier ideología de la rapiña. Ser ateo, pues, implica un compromiso, una cierta clase de ?insurrección existencial?, que detecte y neutralice, en la medida de lo posible, las ramificaciones y las consecuencias de la relación Señor-esclavo. El imaginario religioso no tiene otro objeto que la adecuación de los grupos humanos a un sistema de esclavitud libremente aceptado.
>
> La religión es política. Tan simple ecuación permite establecer el principio de que la lucha contra la religión también debería ser materia política. Y de que se abordaría tanto desde presupuestos teóricos como desde una multitud de plataformas de activismo práctico, en forma de pequeñas organizaciones dotadas de coherencia interior y con estrategias claras, que incidan en reivindicaciones, acciones y gestos capaces de romper la gramática cultural que sustenta a la religión y a sus derivaciones. La ironía, la burla o la sátira constituyen una excelente herramienta, dado que ponen al descubierto el carácter superfluo y parasitario del clero, dejando en evidencia la inanidad de su discurso ultraconservador.
>
> La religión es engaño masivo, ficción mitológica inspiradora de servidumbres voluntarias. El clero de todo pelaje aspira a la restauración de un nuevo tipo de feudalismo ideológico, dominado por la censura y por el miedo. Se da así la paradoja de una sociedad-mercado caracterizada por la uniformización del consumo y de sus redes de distribución, ligada a una atmósfera de revival religioso, en la que cabe cualquier variedad de pensamiento mágico.
>
> Plantear una exigencia de racionalidad atea en un contexto dominado por la restauración idealista puede parecer una tarea abocada al fracaso. No cabe otra opción, sin embargo, que la de alertar acerca de la fase histórica en la que nos encontramos, denunciando el presente proceso oscurantista y examinando cómo las corporaciones religiosas, en su empeño por conservar el control social, buscan y se aseguran una íntima conexión con el poder político y económico.
>
> ¿Damos quizá demasiada importancia al papel de las religiones y de sus corporaciones? Es una crítica que se nos dirige con cierta frecuencia. Pudiera pensarse que el proceso normal de la actual civilización de masas desembocará en un predominio de la ética y del pensamiento crítico, que los fantasmas de lo irracional irán perdiendo terreno ante los descubrimientos científicos y que la lucha por los derechos y libertades finalizará con éxito algún día. Pero quien así piense ignorará los fundamentos tanto de la religión como de la megamáquina social que es su producto. Fundamentos que adquieren singularidad a partir de la psicología de masas y de los medios y mecanismos de transmisión cultural.
>
> El ateísmo contemporáneo no puede, entonces, limitarse a una introspección intelectual, ni aspirar a igualarse en derechos con los creyentes, ni obcecarse tampoco en una especie de laicismo republicano que, en ocasiones, aspire a suplantar el papel social de lo religioso, transformándose él mismo en religión civil. Entendido correctamente, el ateísmo no ha de reducirse a la formulación de argumentos ateológicos. Su propio carácter ético induce a adoptar una posición crítica no sólo ante la religión o las filosofías del espíritu, sino también, y principalmente, ante las elaboraciones jurídicas, institucionales y somáticas que predominan en las sociedades contemporáneas y que constituyen un reflejo de aquellas.
>
> Nos referimos, especialmente, a la Familia, el Estado y la Propiedad. Tres construcciones metafísicas. Tres ideologemas en cuyo núcleo respira el espiritualismo y el dogma. El patriarcado, la interiorización somática de los prejuicios sexuales, el vasallaje ante diversos grupos de presión, el ejército, el sistema penal carcelario, la industria, la penalización de las drogas o la organización del trabajo asalariado conforman otras tantas figuras del orden burgués que, desde un planteamiento radicalmente ateo, deben ser objeto de crítica y denuncia, precisamente en tanto que manifiestan características intrínsecamente ligadas a una interpretación metafísica del mundo.
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> Ésta es, suponemos, la razón de estas Jornadas sobre librepensamiento. Denuncia y constatación. Pero también búsqueda de remedios y alternativas, de autonomía, de herramientas de lucha. El proyecto FIdA pretende ser un escenario de ideas, pero ante todo un mecanismo de ataque. De ataque a los fundamentalismos, pero también de ataque a quienes por debilidad o interés permiten su avance.
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> La solución pasa por un desmontaje teórico y por un "contrato" con lo real. Nuestra propuesta de acabar con los monoteísmos, de rechazar con igual pasión la Biblia, la Torah y el Corán -libros únicos que no toleran a otros libros-, es la propuesta de un ateísmo post-cristiano, contra los integrismos y a favor de las luces de la razón y de los saberes de la filosofía más inmanente. Es hora de dar la espalda a las ficciones y a las fábulas. Es hora de plantar cara al odio contra la inteligencia, las mujeres, los cuerpos, los deseos, la vida.
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> Volver a la carne. A la libertad de los cuerpos, a la salud racionalista, al hedonismo revolucionario, a la inmanencia como ejercicio político. Este es el programa: la autonomía del individuo y la igualdad social. Sin dioses. Sin amos.
gran.union.librepensadores@gmail.com
> Francisco Miñarro
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> Ponencia de Francisco Miñarro, Coordinador de la Federación Internacional de Ateos (FIdA) , presentada en las II Jornadas sobre Librepensamiento organizadas por la Federación Anarquista Ibérica (FAI) en el Teatro de las Aguas (Madrid), el pasado 17 de junio de 2009.
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> Habitamos en una situación histórica y económica determinada por el neoliberalismo y por el poder abstracto del capital. Esto ha dado lugar a formas de autoritarismo menos evidentes que en épocas anteriores. Aliado con este nuevo imperio está el neocristianismo, con sus diversas ramas, ficticiamente enfrentado a un creciente fenómeno de islamización en los centros urbanos de Europa y en las sociedades periféricas de Asia y África. Ambos fenómenos ideológicos se basan en la irracionalidad y en la tradición, se retroalimentan mutuamente y mantienen a la humanidad en un ilusorio pulso de "civilizaciones".
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> La influencia moral que ejercen tiene claras consecuencias sobre la vida de la población, porque finalmente operan en el campo de la actividad política, entendida no como el conjunto de mecanismos y relaciones que favorecen la convivencia entre individuos libres, sino, por el contrario, en tanto que instrumento de control, de sedación y de adoctrinamiento. El complejo religioso, tal como se presenta en sus diversas variantes, requiere para su subsistencia de un modelo social jerárquico, y apela a la "libertad de culto" (o a la hegemonía ideológica) para imponer sus doctrinas y mantener sus privilegios.
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> Al anclarse en mitologemas, pueden prescindir de mayores explicaciones y seguir interfiriendo en el discurso político, oponiéndose a la racionalidad crítica que debería aplicarse en dicho contexto. Una racionalidad que, por otra parte, sólo puede provenir de una posición vital ajena por completo a cualquier fideísmo.
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> De manera que, en referencia a nuestro mundo y a nuestra cultura, la exigencia de una moral autónoma es el punto de partida necesario para una transformación radical de las relaciones sociales y para crear un espacio público de libertades reales, superando así el dominio de las ideologías religiosas o mercantiles, que reducen al ser humano a la categoría de siervo productor, de enajenado soporte de la mercancía y de objetivo pasivo de la manipulación y de la propaganda.
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> Es éste el mejor momento, pensamos, para que el ateísmo abandone un espacio acrítico de "pura opción filosófica" para convertirse en un potente factor de transformación social. El ateísmo contemporáneo implica la "descristianización" y la "desislamización" de las sociedades, el demoler mediante una crítica subversiva, punto por punto, toda esa red de mitologemas que justifican el poder verticalizado, la desigualdad de géneros, la explotación económica o la reducción de la cultura a una simple pieza del intercambio mercantil.
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> La jerarquía y la autoridad se basan en la aplicación terrenal de modelos celestiales. La religión es así el último bastión de cualquier ideología de la rapiña. Ser ateo, pues, implica un compromiso, una cierta clase de ?insurrección existencial?, que detecte y neutralice, en la medida de lo posible, las ramificaciones y las consecuencias de la relación Señor-esclavo. El imaginario religioso no tiene otro objeto que la adecuación de los grupos humanos a un sistema de esclavitud libremente aceptado.
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> La religión es política. Tan simple ecuación permite establecer el principio de que la lucha contra la religión también debería ser materia política. Y de que se abordaría tanto desde presupuestos teóricos como desde una multitud de plataformas de activismo práctico, en forma de pequeñas organizaciones dotadas de coherencia interior y con estrategias claras, que incidan en reivindicaciones, acciones y gestos capaces de romper la gramática cultural que sustenta a la religión y a sus derivaciones. La ironía, la burla o la sátira constituyen una excelente herramienta, dado que ponen al descubierto el carácter superfluo y parasitario del clero, dejando en evidencia la inanidad de su discurso ultraconservador.
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> La religión es engaño masivo, ficción mitológica inspiradora de servidumbres voluntarias. El clero de todo pelaje aspira a la restauración de un nuevo tipo de feudalismo ideológico, dominado por la censura y por el miedo. Se da así la paradoja de una sociedad-mercado caracterizada por la uniformización del consumo y de sus redes de distribución, ligada a una atmósfera de revival religioso, en la que cabe cualquier variedad de pensamiento mágico.
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> Plantear una exigencia de racionalidad atea en un contexto dominado por la restauración idealista puede parecer una tarea abocada al fracaso. No cabe otra opción, sin embargo, que la de alertar acerca de la fase histórica en la que nos encontramos, denunciando el presente proceso oscurantista y examinando cómo las corporaciones religiosas, en su empeño por conservar el control social, buscan y se aseguran una íntima conexión con el poder político y económico.
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> ¿Damos quizá demasiada importancia al papel de las religiones y de sus corporaciones? Es una crítica que se nos dirige con cierta frecuencia. Pudiera pensarse que el proceso normal de la actual civilización de masas desembocará en un predominio de la ética y del pensamiento crítico, que los fantasmas de lo irracional irán perdiendo terreno ante los descubrimientos científicos y que la lucha por los derechos y libertades finalizará con éxito algún día. Pero quien así piense ignorará los fundamentos tanto de la religión como de la megamáquina social que es su producto. Fundamentos que adquieren singularidad a partir de la psicología de masas y de los medios y mecanismos de transmisión cultural.
>
> El ateísmo contemporáneo no puede, entonces, limitarse a una introspección intelectual, ni aspirar a igualarse en derechos con los creyentes, ni obcecarse tampoco en una especie de laicismo republicano que, en ocasiones, aspire a suplantar el papel social de lo religioso, transformándose él mismo en religión civil. Entendido correctamente, el ateísmo no ha de reducirse a la formulación de argumentos ateológicos. Su propio carácter ético induce a adoptar una posición crítica no sólo ante la religión o las filosofías del espíritu, sino también, y principalmente, ante las elaboraciones jurídicas, institucionales y somáticas que predominan en las sociedades contemporáneas y que constituyen un reflejo de aquellas.
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> Nos referimos, especialmente, a la Familia, el Estado y la Propiedad. Tres construcciones metafísicas. Tres ideologemas en cuyo núcleo respira el espiritualismo y el dogma. El patriarcado, la interiorización somática de los prejuicios sexuales, el vasallaje ante diversos grupos de presión, el ejército, el sistema penal carcelario, la industria, la penalización de las drogas o la organización del trabajo asalariado conforman otras tantas figuras del orden burgués que, desde un planteamiento radicalmente ateo, deben ser objeto de crítica y denuncia, precisamente en tanto que manifiestan características intrínsecamente ligadas a una interpretación metafísica del mundo.
>
> Ésta es, suponemos, la razón de estas Jornadas sobre librepensamiento. Denuncia y constatación. Pero también búsqueda de remedios y alternativas, de autonomía, de herramientas de lucha. El proyecto FIdA pretende ser un escenario de ideas, pero ante todo un mecanismo de ataque. De ataque a los fundamentalismos, pero también de ataque a quienes por debilidad o interés permiten su avance.
>
> La solución pasa por un desmontaje teórico y por un "contrato" con lo real. Nuestra propuesta de acabar con los monoteísmos, de rechazar con igual pasión la Biblia, la Torah y el Corán -libros únicos que no toleran a otros libros-, es la propuesta de un ateísmo post-cristiano, contra los integrismos y a favor de las luces de la razón y de los saberes de la filosofía más inmanente. Es hora de dar la espalda a las ficciones y a las fábulas. Es hora de plantar cara al odio contra la inteligencia, las mujeres, los cuerpos, los deseos, la vida.
>
> Volver a la carne. A la libertad de los cuerpos, a la salud racionalista, al hedonismo revolucionario, a la inmanencia como ejercicio político. Este es el programa: la autonomía del individuo y la igualdad social. Sin dioses. Sin amos.
gran.union.librepensadores@gmail.com
Arzobispos encubridores de pederastas
OPINIÓN
Arzobispos encubridores de pederastas
Por Sanjuana Martínez
México DF, 8 diciembre 09 (CIMAC).- El informe sobre la iglesia católica de Irlanda no deja lugar a dudas: arzobispos encubrieron a sacerdotes pederastas durante años y prolongaron el sufrimiento y el incremento de víctimas.
Resulta estremecedor leer el documento que narra las aberraciones cometidas por los sacerdotes irlandeses contra los más pequeños del rebaño católico. El proceso que las autoridades siguen actualmente contra decenas de curas pederastas fue gracias a un hombre: el actual arzobispo Diarmuid Martin, enviado por el Vaticano para atender el antiquísimo problema.
El informe aborda los casos de 46 menores de edad abusados en los últimos 30 años, pero hay más de 800 afectados que se remontan a 60 años, ya que nunca fueron investigados hasta ahora.
Se trata de un documento que recoge casos de la arquidiócesis de Dublín.
Esta es la segunda vez que la iglesia católica irlandesa conoce un informe de tal naturaleza. El pasado mes de mayo la jerarquía publicó un documento que develó el abuso sistemático contra niños de albergues y orfanatos.
El nuevo informe de 700 páginas, fue presentado por el ministro de Justicia, Dermot Aheren, quien afirmó que no aparecen los nombres de las víctimas y los agresores, para evitar entorpecer las investigaciones judiciales. La orden de los Hermanos Cristianos tendrá que compensar a los 46 menores de edad abusados, con 145 millones de euros.
El método de ocultamiento y silenciamiento utilizado en otras diócesis del mundo fue la constante. El informe culpa a cuatro arzobispos de haber protegido a los curas pederastas y los acusa de connivencia: John Charles McQuaid, Dermot Ryan, Kevin McNamara y Desmond Connell.
El informe fue elaborado por una comisión independiente, gracias a que el nuevo arzobispo Martin, enviado por la Santa Sede, abrió los archivos secretos de la Arquidiócesis de Dublín: “Ninguno de los cuatro arzobispos llevó a la policía los abusos en los años 60, 70 y 80. No fue hasta noviembre de 1995 cuando el arzobispo Connell permitió que se entregaran a las autoridades los nombres de 17 sacerdotes de los que la arquidiócesis había recibido quejas e incluso ese dato no era completo, porque en ese momento se sabía que en la arquidiócesis había quejas al menos de 28 sacerdotes”.
El ministro de Justicia, Dermot Ahern anunció un programa para recoger más datos sobre los agresores y para atender con apoyo psicológico a las víctimas afectadas por la publicación del informe: “Seguramente hay gente allí afuera que sabe lo que ocurrió y puede llevar a los agresores ante la justicia con su testimonio”.
Los curas agresores gozaron no sólo de la protección de sus superiores eclesiásticos, sino también de los policías y los jueces, debido a los atavismos de los irlandeses católicos.
El informe menciona el caso del sacerdote James McNamee, un sacerdote muy popular que llevaba a los niños de excursión y aprovechaba para bañarse con ellos y abusarlos. Lo descubrieron con algunos de los menores de edad desnudos en la piscina de su casa. Los abusos fueron denunciados ante el arzobispo Dermot Ryan, pero este solamente lo cambió de parroquia, hasta donde continuó abusando de niños. McNamee era conocido entre los feligreses como “el reverendo bésameelpito”. El arzobispo finalmente lo cambio a un convento donde abusaba de los monaguillos. Murió tranquilamente en un asilo en 2002, sin ser cuestionado por la justicia.
El texto devela que la jerarquía católica irlandesa ocultó los crímenes sexuales del clero para “mantener el secreto, evitar el escándalo y proteger su reputación”.
El caso del sacerdote Patrick Maguire es estremecedor. Abusó de niños de manera sistemática en Irlanda y Japón, incluso de menores enfermos mentales Fue condenado por pederastia, pero salió libre a mitad de su condena. Sigue siendo sacerdote.
Otro caso, devela como un sacerdote llevó un rollo de fotos a revelar y el encargado llamó al arzobispo para denunciar que eran imágenes de niñas desnudas, pero el cura argumentó que se trataban de “fotos artísticas”. El arzobispo lo supo desde los años 60, pero fue apartado hasta los 90 del ministerio sacerdotal. En 1997 fue condenado por pederastia y sólo pasó un año en la cárcel. Ahora vive tranquilamente en Dublín.
Uno de los sacerdotes pederastas ha confesado que abusó de más de 100 niños, y otro, declaró que perpetró abusos contra un menor de edad cada 15 días durante 25 años.
¿Cuándo le tocará su turno a la jerarquía católica mexicana? ¿Serán los arzobispos Norberto Rivera Carrera y Juan Sandoval Iñiguez culpables de encubrimiento? Por lo pronto, su homólogo, José Guadalupe Martín Rábago, ha conseguido que liberen al cura pederasta José Luis de María y Campos López, quien estaba sentenciado por los delitos de abuso sexual y corrupción de menores contra tres niños. Le faltaba cumplir 3 años de su condena.
Pese a las denuncias, el arzobispo permitió que el sacerdote continuara oficiando misa en la iglesia María Auxiliadora de la colonia de Santa María de Cementos en León, Guanajuato. Luego le brindó apoyo jurídico. Sigue siendo sacerdote, por lo cual tarde o temprano oficiará nuevamente y estará a otra vez a cargo de los monaguillos. El arzobispo Marín Rábago argumenta que solo está “suspendido” porque primero hay que “ver si es culpable”.
09/SM/LGL
Sanjuana Martínez
Periodista
www.sanjuanamartinez.com
www.elboomeran.com
gran.union.librepensadores@gmail.com
Arzobispos encubridores de pederastas
Por Sanjuana Martínez
México DF, 8 diciembre 09 (CIMAC).- El informe sobre la iglesia católica de Irlanda no deja lugar a dudas: arzobispos encubrieron a sacerdotes pederastas durante años y prolongaron el sufrimiento y el incremento de víctimas.
Resulta estremecedor leer el documento que narra las aberraciones cometidas por los sacerdotes irlandeses contra los más pequeños del rebaño católico. El proceso que las autoridades siguen actualmente contra decenas de curas pederastas fue gracias a un hombre: el actual arzobispo Diarmuid Martin, enviado por el Vaticano para atender el antiquísimo problema.
El informe aborda los casos de 46 menores de edad abusados en los últimos 30 años, pero hay más de 800 afectados que se remontan a 60 años, ya que nunca fueron investigados hasta ahora.
Se trata de un documento que recoge casos de la arquidiócesis de Dublín.
Esta es la segunda vez que la iglesia católica irlandesa conoce un informe de tal naturaleza. El pasado mes de mayo la jerarquía publicó un documento que develó el abuso sistemático contra niños de albergues y orfanatos.
El nuevo informe de 700 páginas, fue presentado por el ministro de Justicia, Dermot Aheren, quien afirmó que no aparecen los nombres de las víctimas y los agresores, para evitar entorpecer las investigaciones judiciales. La orden de los Hermanos Cristianos tendrá que compensar a los 46 menores de edad abusados, con 145 millones de euros.
El método de ocultamiento y silenciamiento utilizado en otras diócesis del mundo fue la constante. El informe culpa a cuatro arzobispos de haber protegido a los curas pederastas y los acusa de connivencia: John Charles McQuaid, Dermot Ryan, Kevin McNamara y Desmond Connell.
El informe fue elaborado por una comisión independiente, gracias a que el nuevo arzobispo Martin, enviado por la Santa Sede, abrió los archivos secretos de la Arquidiócesis de Dublín: “Ninguno de los cuatro arzobispos llevó a la policía los abusos en los años 60, 70 y 80. No fue hasta noviembre de 1995 cuando el arzobispo Connell permitió que se entregaran a las autoridades los nombres de 17 sacerdotes de los que la arquidiócesis había recibido quejas e incluso ese dato no era completo, porque en ese momento se sabía que en la arquidiócesis había quejas al menos de 28 sacerdotes”.
El ministro de Justicia, Dermot Ahern anunció un programa para recoger más datos sobre los agresores y para atender con apoyo psicológico a las víctimas afectadas por la publicación del informe: “Seguramente hay gente allí afuera que sabe lo que ocurrió y puede llevar a los agresores ante la justicia con su testimonio”.
Los curas agresores gozaron no sólo de la protección de sus superiores eclesiásticos, sino también de los policías y los jueces, debido a los atavismos de los irlandeses católicos.
El informe menciona el caso del sacerdote James McNamee, un sacerdote muy popular que llevaba a los niños de excursión y aprovechaba para bañarse con ellos y abusarlos. Lo descubrieron con algunos de los menores de edad desnudos en la piscina de su casa. Los abusos fueron denunciados ante el arzobispo Dermot Ryan, pero este solamente lo cambió de parroquia, hasta donde continuó abusando de niños. McNamee era conocido entre los feligreses como “el reverendo bésameelpito”. El arzobispo finalmente lo cambio a un convento donde abusaba de los monaguillos. Murió tranquilamente en un asilo en 2002, sin ser cuestionado por la justicia.
El texto devela que la jerarquía católica irlandesa ocultó los crímenes sexuales del clero para “mantener el secreto, evitar el escándalo y proteger su reputación”.
El caso del sacerdote Patrick Maguire es estremecedor. Abusó de niños de manera sistemática en Irlanda y Japón, incluso de menores enfermos mentales Fue condenado por pederastia, pero salió libre a mitad de su condena. Sigue siendo sacerdote.
Otro caso, devela como un sacerdote llevó un rollo de fotos a revelar y el encargado llamó al arzobispo para denunciar que eran imágenes de niñas desnudas, pero el cura argumentó que se trataban de “fotos artísticas”. El arzobispo lo supo desde los años 60, pero fue apartado hasta los 90 del ministerio sacerdotal. En 1997 fue condenado por pederastia y sólo pasó un año en la cárcel. Ahora vive tranquilamente en Dublín.
Uno de los sacerdotes pederastas ha confesado que abusó de más de 100 niños, y otro, declaró que perpetró abusos contra un menor de edad cada 15 días durante 25 años.
¿Cuándo le tocará su turno a la jerarquía católica mexicana? ¿Serán los arzobispos Norberto Rivera Carrera y Juan Sandoval Iñiguez culpables de encubrimiento? Por lo pronto, su homólogo, José Guadalupe Martín Rábago, ha conseguido que liberen al cura pederasta José Luis de María y Campos López, quien estaba sentenciado por los delitos de abuso sexual y corrupción de menores contra tres niños. Le faltaba cumplir 3 años de su condena.
Pese a las denuncias, el arzobispo permitió que el sacerdote continuara oficiando misa en la iglesia María Auxiliadora de la colonia de Santa María de Cementos en León, Guanajuato. Luego le brindó apoyo jurídico. Sigue siendo sacerdote, por lo cual tarde o temprano oficiará nuevamente y estará a otra vez a cargo de los monaguillos. El arzobispo Marín Rábago argumenta que solo está “suspendido” porque primero hay que “ver si es culpable”.
09/SM/LGL
Sanjuana Martínez
Periodista
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gran.union.librepensadores@gmail.com
Punto de Acuerdo en la Cámara de Diputados
Texto Integro del punto de acuerdo
PROPOSICIÓN CON PUNTO DE ACUERDO, POR EL QUE SE SOLICITA AL EJECUTIVO FEDERAL REQUERIR AL CLERO CATÓLICO RESPETE ESTRICTAMENTE EL MARCO DE LAICIDAD, LAS LEYES MEXICANAS Y LOS DERECHOS HUMANOS DE LAS PERSONAS GAYS, LESBIANAS, BISEXUALES Y TRANSGENEROS, A CARGO DE LA DIPUTADA ENOÉ URANGA MUÑOZ
La suscrita, diputada federal Enoé Uranga Muñoz, integrante del Grupo Parlamentario del PRD, con fundamento en el artículo 58 del Reglamento para el Gobierno Interior del Congreso General de los Estados Unidos Mexicanos, someto a consideración del pleno de esta soberanía la proposición con punto de acuerdo, por el que se requiere al Ejecutivo Federal demande públicamente al clero católico el cumplimiento de las leyes mexicanas empezando por su obligación de cumplir estrictamente el Principio de Laicidad que rige al Estado mexicano, la Ley Federal para Prevenir y Eliminar la Discriminación así como los derechos humanos de las personas gays, lesbianas, bisexuales y transgénero, según las siguientes
Consideraciones
Esta soberanía da inicio el día de hoy a uno de los debates legislativos que serán fundamentales para el futuro de la nación. Me refiero desde luego al fortalecimiento de nuestro Estado Laico, la Comisión responsable de ello revisa ya con toda seriedad este tema primordial para la democracia mexicana. En este marco, la iglesia católica ha emprendido una campaña de presiones y ataques que buscan debilitar la calidad de dicha discusión política. Como parte de esa estrategia ha elegido como arma lo que para su virulenta destreza mejor funciona para crear confusión y desinformación: La promoción del estigma y el odio contra los distintos a sus decretos.
Como es del conocimiento general, en días pasados, el cardenal católico Javier Lozano Barragán, presidente emérito del Consejo Pontificio de Operadores Sanitarios del Vaticano, declaró que "lesbianas, homosexuales y transexuales no entrarán nunca en el reino de los cielos...” La frase completa que usó este violador de la ley fue: “Tal vez no son culpables, pero actúan contra la dignidad del cuerpo… esto no lo digo yo, sino San Pablo”.
¿La dignidad del cuerpo? Dignificar al cuerpo es conocerlo y reconocerlo. Cuidarlo. Parte fundamental de ello es procurarle amor y placer. Un cuerpo digno es un cuerpo satisfecho en todos sentidos: bien alimentado, bien dormido, bien cuidado y bien amado y embelesado a pleno deleite y bienestar. Estoy segura de que ello es claro para todas y todos quienes tienen, como yo, la suerte de dignificar sus cuerpos en lo correspondiente al amor.
¿Los homosexuales son culpables? Como lesbiana yo sí me declaro culpable de lo que corresponda, me declaro culpable de amar, me declaro culpable de no estar dispuesta a dejar mi amor para otro siglo: no puedo, no quiero.
Me declaro culpable de ser dueña de mi muy soberano cuerpo y de mi laico placer.
Me declaro culpable de gozar y tener mis propios paraísos.
Y por supuesto que me declaro culpable de contar, de dar por hecho, que ninguno de los universos a los que ya he ido y ninguno de los cielos a los que desde luego iré, serán los mismos para los que Lozano Barragán tiene ya adquirido boleto VIP para alzar el vuelo. ¡Desde luego que no!!!
¿Quién quiere ir al cielo de los pederastas??? ¿Al cielo de Marcial Maciel y Ratzinger, quien no tiene pudor en confesar que fue integrante de las juventudes Nazis? ¿Al cielo de donde fueron excomulgados Hidalgo, Morelos, y las muy señoras pecadoras Josefa Ortiz y Leona Vicario? ¿Al cielo de quienes torturaron y asesinaron a Gertrudis Bocanegra por rebelde y a Giordano Bruno por sus enseñanzas sobre la infinitud del universo? ¿¿Quién quiere ir a un cielo sin Leonardo Da Vinci, Audre Lorde, Miguel Ángel, Frida Kahlo, sin Albert Einstein, Simone de Beauvoir, Juana de Asbaje, un cielo sin Marcel Marceau??? ¿De qué sirve ir a un cielo donde no se pueda reír?? dijo Lutero.
No sé si fuera verdad que como Lozano Barragán, el llamado “San Pablo” tuviera línea directa para hablar con dios o si fueran efectos de su conocida y severa sífilis los que le impulsaban (en caso de que sea cierto) a hacer tales afirmaciones, pero ojo diputados, porque esa misma “condena” -elemento que por lo demás no tiene nada de científico, de ético o legal, áreas en las que la convicción es: que lo que sucede cuando te mueres (aunque te llames Norberto o te apellides Lewinski) es que te mueres-. Esa “condena de no ir al cielo” aplica también y con toda puntualidad a los adúlteros y a los borrachos.
Se decreta que: “Las chicas buenas se van al cielo” ¡Qué su dios las cuide de los miles de curas acusados de violación, abuso y pederastia que (de existir) ya viven en ese cielo y de los miles que llegarán luego que su dios les llame a esa gloria!!! Las chicas buenas se van al cielo -qué su dios las cuide- … ¡las otras vamos a todos lados!
Las mujeres que decidimos sobre nuestras vidas, nuestros amores, nuestros cuerpos, nuestros placeres y desde luego nuestros multiorgasmos, sea cual sea nuestra convicción filosófica, religión, profesión, preferencia, estado civil. Las que podemos tener alianzas con hombres inteligentes que saben que “si la mujer no está, la democracia no va”.
Quienes creemos en que los seres humanos tienen derecho a la felicidad, quienes sabemos que el mejor valor de la sociedad está en su diversidad. Quienes entendemos que la democracia es diálogo entre distintos, donde no tiene cabida la imposición absurda de “verdades únicas e incuestionables”, somos innumerables, quienes estamos comprometidos en esta idea de país, sin importar cual sea nuestra preferencia sexual.
Y hablo de los seres humanos, creyentes o no, que sabemos que elegir forma de vida es un derecho humano incuestionable, de aquellos que daremos la vida por defender y fortalecer el Estado Laico. Para que las mujeres y hombres del mañana se avergüencen de este presente (su pasado) en el que es aceptable la mortalidad materna en las comunidades indígenas, porque “si eres india no tienes alma” y debes ganarla a costa del sacrificio de no tener acceso a información objetiva y recursos que te permitan evitar la ya sabida condena aprendida de voz directa del cura del pueblo: “tu destino es tener los hijos que dios te mande”, aunque todos se mueran de hambre. De este presente donde es aceptable legalizar que si eres mujer tu destino es ser madre, así sea porque te violen; que si tienes una discapacidad seas objeto de compasión y se asuma que quien tiene un daño eres tú y no este país que no está diseñado para incluirte; o una política donde se argumenta (incluso en los debates legislativos) que si eres homosexual, eres “menos hombre”.
“Sea hombrecito”, “no se esconda en las faldas de las mujeres”, se ha gritado en esta tribuna desde el fundamentalismo vestido de izquierda. “Puto” se le canta a Calderón para descalificarlo. “Maricones” les dice la derecha a quienes se han aliado con la propia derecha.
Todos agravios violadores de la ley, todos discriminadores, todos ignorantes.
¿Qué estatura de hombre se requiere para ser abiertamente gay en un país en el que se te puede asesinar impunemente por ello? ¿Cuán “hombrecito” es quien profiere insultos homofóbicos desde el anonimato de las curules y en el amparo del fuero?
Es la iglesia. Es la herencia del sometimiento y genocidio de sociedades en la que esa institución se ha sostenido. Su poder -muy terrenal- depende de controlar las conciencias, de manipular a las sociedades desde sus relaciones políticas, mafiosas, de hacer vivir en la ignorancia y el miedo a los pueblos.
Las exhortaciones al odio construidas desde la iglesia católica auto-encargada de fomentar y alimentar el atraso y la desinformación colectiva. La misma Iglesia gestora, a lo largo de XX siglos, de guerras sangrientas, crímenes de Estado y del retroceso científico y cultural de la humanidad que motivaron que Borges dijera: “El infierno de Cristo no necesita del resplandor del fuego”.
Quisiera que se entienda que no es mi intención ofender una fe o creencias. Tengo (como la mayoría de los católicos mexicanos) la convicción de que su espiritualidad va más allá de lo que dicte un mal intencionado político religioso. Políticos del Vaticano, como Barragán y Ratzinger (ambos voceros de ¿dios? por poder propio), tienen en su historial actos en los que ha quedado en entredicho su honestidad y compromiso con la vida. Han sido omisos, encubridores y cómplices de diversos delitos y delincuentes. Pero, independientemente de ello, ni el más querubín de los representantes del Estado Vaticano tiene la autoridad moral y menos política, para enjuiciar el amor entre personas del mismo sexo en este país.
Por enésima vez, y por encima de la ley, la iglesia Romana pretende controlar el cuerpo de las personas, manipular las conciencias a través de la amenaza inasible de la condena divina. Espero que en esta ocasión para esta soberanía sea claro que no será el representante de un estado injerencista el que me venga a insultar y amenazar impunemente en territorio mexicano.
No está de más señalar que la homofobia es una enfermedad que tiende a padecer continuamente la alta jerarquía y gran parte del clero católico y que debe ser tratable, ya que afecta los derechos de terceros. En lo que se refiere a los derechos sexuales son parte de los derechos humanos, los cuales tienen como característica ser universales, inalienables, imprescriptibles, interdependientes, inviolables e intransferibles, de manera que su ataque repercute en los demás aspectos de la vida de las personas, a quienes les toca determinar libremente su preferencia sin ser molestados en su privacidad, siempre y cuando no afecte los derechos de terceros.
El clero quiere destruir nuestra cultura laica y cuenta con cómplices en la política institucional: ahí están las quemas de libros en Guanajuato, lideradas por diputados con el silencio complaciente del ejecutivo local y federal. Ante los ataques sistemáticos de que es objeto el Estado Laico (empezando por las vergonzosas declaraciones hechas por el propio Presidente de la República), no nos sorprendamos de la pretensión ya anunciada de que esos dogmas sean trasladados al terreno de las leyes como en el pasado. La consigna de presionar al jefe del Ejecutivo para que éste quebrante el principio histórico de la separación del Estado y las Iglesias y asigne privilegios y poder indebidos a la jerarquía católica, es un asunto que no se debe perder de vista. Es inadmisible que el Gobierno federal permanezca pasivo ante las declaraciones del legado papal.
No permitamos que usen su basura contra la disidencia sexual y genérica como instrumento para trastornar el fortalecimiento del Estado Laico. La declaración de Lozano Barragán responde a los intereses de un Estado extranjero al que este señor sirve, como lo es el Vaticano, muy ajeno al Estado mexicano que es el que nos estructura y, por tanto, se trata de una injerencia que ofende a la soberanía del pueblo de México.
Dicha declaración no es un acto aislado ni fortuito, sino que responde a una embestida, claramente planteada desde el Estado Vaticano y que tiene por objeto controlar al mayor número de gobiernos de la región, sojuzgando a quienes se aparten de sus dogmas fundamentalistas y preceptos eclesiásticos, pues su poder depende del control de cuerpos y mentes, y ello atenta contra la dignidad de las personas.
Así, el control sobre las libertades de las personas finalmente esconde una disputa del poder al Estado mexicano, quien históricamente ha sido objeto de los intereses económicos y políticos del Estado Vaticano. Es necesaria la firmeza que le corresponde al Ejecutivo Federal, a través de la Secretaría de Gobernación, para mantener las relaciones con las distintas asociaciones religiosas en un comportamiento dentro del marco de respeto a los derechos humanos.
La Secretaría de Gobernación debe hacer un apercibimiento o aplicar la sanción correspondiente ante estas intromisiones en los asuntos internos del país por parte de estos representantes del Estado Vaticano, que constituyen una flagrante violación a nuestra Constitución Política y un desafío al Estado laico.
Por lo anterior, someto a consideración de esta honorable Cámara de Diputados la siguiente Propuesta con
Punto de Acuerdo
PRIMERO.- Se requiere a la Presidencia de la República demande públicamente a través de la Secretaría de Gobernación, a las instancias jerárquicas de todas las iglesias y asociaciones religiosas y en particular, a la católica, el cumplimiento de las leyes mexicanas, empezando por su obligación de cumplir estrictamente el Principio de Laicidad que rige al Estado mexicano, mismo que garantiza los derechos sexuales de todas las personas sin discriminación homofóbica alguna; la Ley Federal para Prevenir y Eliminar la Discriminación; así como los derechos humanos de las personas gays, lesbianas, bisexuales y transgénero.
SEGUNDO.- Aplicar las infracciones y sanciones establecidas en el Capítulo Quinto de la Ley de Asociaciones Religiosas y Culto Público contra los representantes del Estado Vaticano que han violado la ley, e informar a esta soberanía, a través de la Secretaría de Gobernación, de los resultados alcanzados en un plazo no mayor a los treinta días, considerando como parte de la sanción una disculpa pública para con las personas lesbianas, gays, bisexuales y transgénero, por los mismos medios masivos de comunicación que fue difundida la agresión.
Dado en el Salón de sesiones, a 08 de diciembre de 2009
Diputada Enoé Margarita Uranga Muñoz
gran.union.librepensadores@gmail.com
PROPOSICIÓN CON PUNTO DE ACUERDO, POR EL QUE SE SOLICITA AL EJECUTIVO FEDERAL REQUERIR AL CLERO CATÓLICO RESPETE ESTRICTAMENTE EL MARCO DE LAICIDAD, LAS LEYES MEXICANAS Y LOS DERECHOS HUMANOS DE LAS PERSONAS GAYS, LESBIANAS, BISEXUALES Y TRANSGENEROS, A CARGO DE LA DIPUTADA ENOÉ URANGA MUÑOZ
La suscrita, diputada federal Enoé Uranga Muñoz, integrante del Grupo Parlamentario del PRD, con fundamento en el artículo 58 del Reglamento para el Gobierno Interior del Congreso General de los Estados Unidos Mexicanos, someto a consideración del pleno de esta soberanía la proposición con punto de acuerdo, por el que se requiere al Ejecutivo Federal demande públicamente al clero católico el cumplimiento de las leyes mexicanas empezando por su obligación de cumplir estrictamente el Principio de Laicidad que rige al Estado mexicano, la Ley Federal para Prevenir y Eliminar la Discriminación así como los derechos humanos de las personas gays, lesbianas, bisexuales y transgénero, según las siguientes
Consideraciones
Esta soberanía da inicio el día de hoy a uno de los debates legislativos que serán fundamentales para el futuro de la nación. Me refiero desde luego al fortalecimiento de nuestro Estado Laico, la Comisión responsable de ello revisa ya con toda seriedad este tema primordial para la democracia mexicana. En este marco, la iglesia católica ha emprendido una campaña de presiones y ataques que buscan debilitar la calidad de dicha discusión política. Como parte de esa estrategia ha elegido como arma lo que para su virulenta destreza mejor funciona para crear confusión y desinformación: La promoción del estigma y el odio contra los distintos a sus decretos.
Como es del conocimiento general, en días pasados, el cardenal católico Javier Lozano Barragán, presidente emérito del Consejo Pontificio de Operadores Sanitarios del Vaticano, declaró que "lesbianas, homosexuales y transexuales no entrarán nunca en el reino de los cielos...” La frase completa que usó este violador de la ley fue: “Tal vez no son culpables, pero actúan contra la dignidad del cuerpo… esto no lo digo yo, sino San Pablo”.
¿La dignidad del cuerpo? Dignificar al cuerpo es conocerlo y reconocerlo. Cuidarlo. Parte fundamental de ello es procurarle amor y placer. Un cuerpo digno es un cuerpo satisfecho en todos sentidos: bien alimentado, bien dormido, bien cuidado y bien amado y embelesado a pleno deleite y bienestar. Estoy segura de que ello es claro para todas y todos quienes tienen, como yo, la suerte de dignificar sus cuerpos en lo correspondiente al amor.
¿Los homosexuales son culpables? Como lesbiana yo sí me declaro culpable de lo que corresponda, me declaro culpable de amar, me declaro culpable de no estar dispuesta a dejar mi amor para otro siglo: no puedo, no quiero.
Me declaro culpable de ser dueña de mi muy soberano cuerpo y de mi laico placer.
Me declaro culpable de gozar y tener mis propios paraísos.
Y por supuesto que me declaro culpable de contar, de dar por hecho, que ninguno de los universos a los que ya he ido y ninguno de los cielos a los que desde luego iré, serán los mismos para los que Lozano Barragán tiene ya adquirido boleto VIP para alzar el vuelo. ¡Desde luego que no!!!
¿Quién quiere ir al cielo de los pederastas??? ¿Al cielo de Marcial Maciel y Ratzinger, quien no tiene pudor en confesar que fue integrante de las juventudes Nazis? ¿Al cielo de donde fueron excomulgados Hidalgo, Morelos, y las muy señoras pecadoras Josefa Ortiz y Leona Vicario? ¿Al cielo de quienes torturaron y asesinaron a Gertrudis Bocanegra por rebelde y a Giordano Bruno por sus enseñanzas sobre la infinitud del universo? ¿¿Quién quiere ir a un cielo sin Leonardo Da Vinci, Audre Lorde, Miguel Ángel, Frida Kahlo, sin Albert Einstein, Simone de Beauvoir, Juana de Asbaje, un cielo sin Marcel Marceau??? ¿De qué sirve ir a un cielo donde no se pueda reír?? dijo Lutero.
No sé si fuera verdad que como Lozano Barragán, el llamado “San Pablo” tuviera línea directa para hablar con dios o si fueran efectos de su conocida y severa sífilis los que le impulsaban (en caso de que sea cierto) a hacer tales afirmaciones, pero ojo diputados, porque esa misma “condena” -elemento que por lo demás no tiene nada de científico, de ético o legal, áreas en las que la convicción es: que lo que sucede cuando te mueres (aunque te llames Norberto o te apellides Lewinski) es que te mueres-. Esa “condena de no ir al cielo” aplica también y con toda puntualidad a los adúlteros y a los borrachos.
Se decreta que: “Las chicas buenas se van al cielo” ¡Qué su dios las cuide de los miles de curas acusados de violación, abuso y pederastia que (de existir) ya viven en ese cielo y de los miles que llegarán luego que su dios les llame a esa gloria!!! Las chicas buenas se van al cielo -qué su dios las cuide- … ¡las otras vamos a todos lados!
Las mujeres que decidimos sobre nuestras vidas, nuestros amores, nuestros cuerpos, nuestros placeres y desde luego nuestros multiorgasmos, sea cual sea nuestra convicción filosófica, religión, profesión, preferencia, estado civil. Las que podemos tener alianzas con hombres inteligentes que saben que “si la mujer no está, la democracia no va”.
Quienes creemos en que los seres humanos tienen derecho a la felicidad, quienes sabemos que el mejor valor de la sociedad está en su diversidad. Quienes entendemos que la democracia es diálogo entre distintos, donde no tiene cabida la imposición absurda de “verdades únicas e incuestionables”, somos innumerables, quienes estamos comprometidos en esta idea de país, sin importar cual sea nuestra preferencia sexual.
Y hablo de los seres humanos, creyentes o no, que sabemos que elegir forma de vida es un derecho humano incuestionable, de aquellos que daremos la vida por defender y fortalecer el Estado Laico. Para que las mujeres y hombres del mañana se avergüencen de este presente (su pasado) en el que es aceptable la mortalidad materna en las comunidades indígenas, porque “si eres india no tienes alma” y debes ganarla a costa del sacrificio de no tener acceso a información objetiva y recursos que te permitan evitar la ya sabida condena aprendida de voz directa del cura del pueblo: “tu destino es tener los hijos que dios te mande”, aunque todos se mueran de hambre. De este presente donde es aceptable legalizar que si eres mujer tu destino es ser madre, así sea porque te violen; que si tienes una discapacidad seas objeto de compasión y se asuma que quien tiene un daño eres tú y no este país que no está diseñado para incluirte; o una política donde se argumenta (incluso en los debates legislativos) que si eres homosexual, eres “menos hombre”.
“Sea hombrecito”, “no se esconda en las faldas de las mujeres”, se ha gritado en esta tribuna desde el fundamentalismo vestido de izquierda. “Puto” se le canta a Calderón para descalificarlo. “Maricones” les dice la derecha a quienes se han aliado con la propia derecha.
Todos agravios violadores de la ley, todos discriminadores, todos ignorantes.
¿Qué estatura de hombre se requiere para ser abiertamente gay en un país en el que se te puede asesinar impunemente por ello? ¿Cuán “hombrecito” es quien profiere insultos homofóbicos desde el anonimato de las curules y en el amparo del fuero?
Es la iglesia. Es la herencia del sometimiento y genocidio de sociedades en la que esa institución se ha sostenido. Su poder -muy terrenal- depende de controlar las conciencias, de manipular a las sociedades desde sus relaciones políticas, mafiosas, de hacer vivir en la ignorancia y el miedo a los pueblos.
Las exhortaciones al odio construidas desde la iglesia católica auto-encargada de fomentar y alimentar el atraso y la desinformación colectiva. La misma Iglesia gestora, a lo largo de XX siglos, de guerras sangrientas, crímenes de Estado y del retroceso científico y cultural de la humanidad que motivaron que Borges dijera: “El infierno de Cristo no necesita del resplandor del fuego”.
Quisiera que se entienda que no es mi intención ofender una fe o creencias. Tengo (como la mayoría de los católicos mexicanos) la convicción de que su espiritualidad va más allá de lo que dicte un mal intencionado político religioso. Políticos del Vaticano, como Barragán y Ratzinger (ambos voceros de ¿dios? por poder propio), tienen en su historial actos en los que ha quedado en entredicho su honestidad y compromiso con la vida. Han sido omisos, encubridores y cómplices de diversos delitos y delincuentes. Pero, independientemente de ello, ni el más querubín de los representantes del Estado Vaticano tiene la autoridad moral y menos política, para enjuiciar el amor entre personas del mismo sexo en este país.
Por enésima vez, y por encima de la ley, la iglesia Romana pretende controlar el cuerpo de las personas, manipular las conciencias a través de la amenaza inasible de la condena divina. Espero que en esta ocasión para esta soberanía sea claro que no será el representante de un estado injerencista el que me venga a insultar y amenazar impunemente en territorio mexicano.
No está de más señalar que la homofobia es una enfermedad que tiende a padecer continuamente la alta jerarquía y gran parte del clero católico y que debe ser tratable, ya que afecta los derechos de terceros. En lo que se refiere a los derechos sexuales son parte de los derechos humanos, los cuales tienen como característica ser universales, inalienables, imprescriptibles, interdependientes, inviolables e intransferibles, de manera que su ataque repercute en los demás aspectos de la vida de las personas, a quienes les toca determinar libremente su preferencia sin ser molestados en su privacidad, siempre y cuando no afecte los derechos de terceros.
El clero quiere destruir nuestra cultura laica y cuenta con cómplices en la política institucional: ahí están las quemas de libros en Guanajuato, lideradas por diputados con el silencio complaciente del ejecutivo local y federal. Ante los ataques sistemáticos de que es objeto el Estado Laico (empezando por las vergonzosas declaraciones hechas por el propio Presidente de la República), no nos sorprendamos de la pretensión ya anunciada de que esos dogmas sean trasladados al terreno de las leyes como en el pasado. La consigna de presionar al jefe del Ejecutivo para que éste quebrante el principio histórico de la separación del Estado y las Iglesias y asigne privilegios y poder indebidos a la jerarquía católica, es un asunto que no se debe perder de vista. Es inadmisible que el Gobierno federal permanezca pasivo ante las declaraciones del legado papal.
No permitamos que usen su basura contra la disidencia sexual y genérica como instrumento para trastornar el fortalecimiento del Estado Laico. La declaración de Lozano Barragán responde a los intereses de un Estado extranjero al que este señor sirve, como lo es el Vaticano, muy ajeno al Estado mexicano que es el que nos estructura y, por tanto, se trata de una injerencia que ofende a la soberanía del pueblo de México.
Dicha declaración no es un acto aislado ni fortuito, sino que responde a una embestida, claramente planteada desde el Estado Vaticano y que tiene por objeto controlar al mayor número de gobiernos de la región, sojuzgando a quienes se aparten de sus dogmas fundamentalistas y preceptos eclesiásticos, pues su poder depende del control de cuerpos y mentes, y ello atenta contra la dignidad de las personas.
Así, el control sobre las libertades de las personas finalmente esconde una disputa del poder al Estado mexicano, quien históricamente ha sido objeto de los intereses económicos y políticos del Estado Vaticano. Es necesaria la firmeza que le corresponde al Ejecutivo Federal, a través de la Secretaría de Gobernación, para mantener las relaciones con las distintas asociaciones religiosas en un comportamiento dentro del marco de respeto a los derechos humanos.
La Secretaría de Gobernación debe hacer un apercibimiento o aplicar la sanción correspondiente ante estas intromisiones en los asuntos internos del país por parte de estos representantes del Estado Vaticano, que constituyen una flagrante violación a nuestra Constitución Política y un desafío al Estado laico.
Por lo anterior, someto a consideración de esta honorable Cámara de Diputados la siguiente Propuesta con
Punto de Acuerdo
PRIMERO.- Se requiere a la Presidencia de la República demande públicamente a través de la Secretaría de Gobernación, a las instancias jerárquicas de todas las iglesias y asociaciones religiosas y en particular, a la católica, el cumplimiento de las leyes mexicanas, empezando por su obligación de cumplir estrictamente el Principio de Laicidad que rige al Estado mexicano, mismo que garantiza los derechos sexuales de todas las personas sin discriminación homofóbica alguna; la Ley Federal para Prevenir y Eliminar la Discriminación; así como los derechos humanos de las personas gays, lesbianas, bisexuales y transgénero.
SEGUNDO.- Aplicar las infracciones y sanciones establecidas en el Capítulo Quinto de la Ley de Asociaciones Religiosas y Culto Público contra los representantes del Estado Vaticano que han violado la ley, e informar a esta soberanía, a través de la Secretaría de Gobernación, de los resultados alcanzados en un plazo no mayor a los treinta días, considerando como parte de la sanción una disculpa pública para con las personas lesbianas, gays, bisexuales y transgénero, por los mismos medios masivos de comunicación que fue difundida la agresión.
Dado en el Salón de sesiones, a 08 de diciembre de 2009
Diputada Enoé Margarita Uranga Muñoz
gran.union.librepensadores@gmail.com
Preguntas - Victor Orozco
“Uno advierte, al considerar el mundo a su alrededor, que todo el progreso del sentimiento humano, que toda mejora de la ley penal, que todo paso hacia la disminución de la guerra, el mejor trato a las razas de color, que toda mitigación de la esclavitud, que todo progreso moral realizado por el mundo, ha sido obstaculizado constantemente por las iglesias organizadas”
Bertrand Russell
PREGUNTAS
VICTOR OROZCO
¿Cómo sería el mundo hoy si hubiera triunfado hasta nuestros días la prohibición de conocer el cuerpo humano?. ¿Si todos hubiesen acatado la orden estricta de no investigar, de atenerse a los mandatos religiosos que condenaban las disecciones y la extracción de órganos para su estudio?. ¿Y si aquellos valientes profanadores de tumbas no hubiesen arrostrado el peligro de excomuniones y muertes atroces entre las llamas, para sacar los cadáveres apenas habían sido sepultados y llevarlos a sus casas para estudiarlos? ¿Si hubiesen respetado la orden de no tocar aquello que Dios había creado a su imagen y semejanza? ¿Qué sabríamos de nosotros mismos? ¿Y de las pestes, epidemias y todas las enfermedades?
¿Y del mundo exterior?. ¿Si los tenaces observadores del cielo no hubiesen cuestionado la creencia de que la tierra era plana? ¿Y si todos hubiesen cumplido la retractación de Galileo ante el tribunal de la Santa Inquisición, en la que declaraba: “…que no sostendré, defenderé o enseñaré de ninguna manera, verbalmente o por escrito, la dicha falsa doctrina de que el sol es el centro del mundo e inamovible y que la tierra no es el centro y que se mueve..”? ¿Y sin aquellos audaces y modestos alquimistas, que errando entre la magia y la realidad, abrieron paso al conocimiento, siempre en el lindero de la herejía, vale decir de la muerte?
¿Y si se hubiese impuesto para siempre, el deber de profesar un solo culto religioso con prohibición de cualquier otro diferente al del Estado?. ¿Si no hubiesen existido algunos pocos desafiantes individuos que proclamaron la libertad de conciencia como único camino para mantener la paz? ¿Si hubiese triunfado el falaz argumento, proclamado a capa y espada, de que la libertad de cultos “le quitaba al pueblo su religión?. ¿Cuántos monumentos y herencias de las culturas “paganas” habrían sobrevivido al delirio del fanatismo cristiano? ¿Cuántas atrocidades y genocidios seguirían perpetrándose en nombre de la “religión verdadera”?
¿Y si la filosofía hubiese seguido siendo una “sierva de la religión” como postulaba Santo Tomás? ¿Seguiríamos recorriendo círculos y debatiendo sobre el género de los ángeles?. ¿Y si el pensamiento no se hubiese emancipado de los dogmas? ¿Seguiríamos quemando viejos códices y libros heréticos? ¿Arrojando en el fuego a “brujas y hechiceros”?.
¿Y si hubiese prevalecido el dogma milenario de que Dios hizo a los hombres iguales entre sí, pero que en la tierra había dispuesto que unos nacieran nobles y otros plebeyos, unos destinados a ser reyes, duques, obispos o papas y otros campesinos, artesanos o soldados? ¿Seguiría imperando la creencia de que unos están destinados a mandar y otros a obedecer? ¿Seguirían instituidas en todas partes la servidumbre y la esclavitud puesto que ambas están previstas en la Biblia, como argumentaban los plantadores del Sur norteamericano durante la guerra civil?
¿Y si se hubiesen mantenido las rígidas reglas que duraron siglos para las expresiones del arte y de la creación intelectual?. ¿Si los renacentistas no hubieran vuelto sobre las huellas del pasado clásico, para pintar o esculpir ateniéndose a sus propias ideas y sentimientos? ¿Si no se hubiesen atrevido a violentar los mandatos tenidos por divinos?. ¿Seguiríamos pintando y esculpiendo exclusivamente vírgenes y santos?.
¿Y si se hubiese mantenido la fusión del trono y el altar?. ¿Si algunos, no hubiesen osado proponer la separación entre la Iglesia y Estado?. ¿Qué sería hoy de los débiles y vulnerables individuos frente a los dos poderes unidos? ¿Y si todavía se siguiese sosteniendo que Dios puso a los reyes, a los gobernantes, a los caudillos?. ¿Y que toda autoridad dimana de Dios y no de la sociedad?
¿Y si se hubiese sostenido como artículo de fe, inalterable, que los bienes pertenecientes a la iglesia eran de Dios y por tanto intocables? ¿Seguirían miles o millones de arrendatarios pagando alquileres a instancias de la Iglesia?. ¿Y si los miembros del clero siguieran teniendo leyes especiales, de privilegio?
¿Y si todas las mujeres hubiesen consentido por siempre en mantener su condición de subordinadas e inferiores? ¿Si hubiesen aceptado como su misión exclusiva parir y procrear? ¿Si algunas, pocas también, no se hubiesen rebelado y exigido leyes y condiciones iguales para todos? ¿Si hubiesen seguido el ejemplo de la burocracia eclesiástica en donde los hombres pueden ser sacerdotes o altos dignatarios y las mujeres únicamente monjas?
¿Y si todo mundo hubiese aceptado la orden de la iglesia que prohíbe el uso del condón? ¿Cuántos millones más de contagiados de SIDA existirían?
¿Y si una oficina de la iglesia o del gobierno siguiera decidiendo -como lo hizo por siglos- que libros o periódicos podemos leer o ahora que películas y programas podemos ver?. ¿En qué grado de ignorancia nos encontraríamos?
¿Y si no se hubiesen establecidos registros públicos para los nacimientos, decesos y estado civil de las personas?. ¿Seguirían los sacerdotes decidiendo quienes vivirían eternamente en el pecado, por consecuencia en el ostracismo social y a su muerte impedidos de recibir sepultura en los cementerios, ante la impotencia de sus familiares presos de la angustia? ¿Seguirían inhabilitados para casarse aquellos que no profesasen la fe católica?.
¿Y si continuase la prohibición del divorcio?. ¿Si éste no se hubiese establecido como un derecho en la ley promulgada por Benito Juárez en Veracruz el 23 de julio de 1859? ¿Si no se hubiesen atrevido unas cuantas mujeres de ese tiempo a ejercerlo ante los tribunales? ¿Tendríamos más familias “estables” o más parejas frustradas?. ¿Más mujeres felices o más golpeadas y abusadas?.
Cada una de estas cuestiones le ha significado a todas las sociedades el tránsito de las opresiones al de las libertades. A veces las fases han durado siglos, pero al final siempre ha triunfado la irresistible vocación humana por la realización plena, por la posibilidad de desplegar todas sus potencialidades. Cada vez que se alcanza uno nuevo de estos estadios, contra el mismo se lanzan los dogmas indiscutibles e infalibles, los irresistibles mandatos divinos. Léanse las diatribas y excomuniones empleadas contra los que impulsaron cada una de las libertades: los que dudaron de las aberraciones enseñadas por la iglesia fueron enemigos de Dios, los que objetaron las religiones únicas fueron enemigos de Dios. Siempre las situaciones llevadas al límite: libertad de conciencia igual a muerte de las creencias religiosas, igualdad social, lo mismo que anarquía y libertinaje.
Ahora, se dice, despenalización del aborto igual a crimen y asesinato. Y de la misma manera, se introducen falacias y caricaturizaciones del opositor: son abortistas. No importa que se constate de mil formas: nadie está por el aborto en sí mismo. Lo usual y lo deseable es que las mujeres embarazadas quieran tener a su hijo, lo mismo los padres que lo engendraron, pero cuando existen circunstancias, unas de mayor gravedad que otras, que exijan interrumpir la gestación, el Estado debe garantizarle a la mujer que no será penalizada doblemente, con su propio sufrimiento causado al someterse al aborto y con la sanción carcelaria reclamada por los fundamentalistas.
En este debate, quizá los peores son esos políticos santurrones actuando como “defensores de la vida” (no importa que sus propuestas lleven a la muerte de miles de mujeres y al sufrimiento indecible de otras tantas) cubriéndose bajo el manto de creencias religiosas, para usarlas en su propio beneficio. No les van a la zaga en hipocresía los altos mandos y gobernadores del PRI, conchabados con los obispos para acabar con el estado laico. Beatriz Paredes, la dirigente formal de este partido, a quien en algunos momentos se le tuvo como progresista y liberal, personifica ahora la cobardía y la claudicación. Idénticos juicios merecen los diputados “de izquierda” afiliados al PRD que votaron a favor de la penalización del aborto.
Esta alianza sagrada, cuyos integrante se pelean sólo cuando hay botín de por medio, ha llevado ya a diez y siete legislaturas estatales a penalizar el aborto, cualquiera que sean sus causas. Ahora pretenden asaltar a la constitución nacional, operativo previsto para las vísperas de las elecciones federales, en el curso de los próximos dos años. Tiene la batalla perdida en el largo plazo, pero entretanto, políticos mochos y oportunistas, junto con los prelados católicos, provocarán incontables amarguras. Ya lo hicieron en todas partes donde se ha obligado a parir a niñas de trece años víctimas de la violación o se ha sacrificado la vida de la madre, dejando en el desamparo al resto de sus hijos o conducido a mujeres al abatimiento y a la depresión.
Todo, en nombre de un dogma simplón consagrado ahora en las constituciones locales. Última en engrosar la lista ominosa, la legislatura de Veracruz ningún honor hizo a la entidad desde la cual el gobierno republicano expidió las Leyes de Reforma.
gran.union.librepensadores@gmail.com
Bertrand Russell
PREGUNTAS
VICTOR OROZCO
¿Cómo sería el mundo hoy si hubiera triunfado hasta nuestros días la prohibición de conocer el cuerpo humano?. ¿Si todos hubiesen acatado la orden estricta de no investigar, de atenerse a los mandatos religiosos que condenaban las disecciones y la extracción de órganos para su estudio?. ¿Y si aquellos valientes profanadores de tumbas no hubiesen arrostrado el peligro de excomuniones y muertes atroces entre las llamas, para sacar los cadáveres apenas habían sido sepultados y llevarlos a sus casas para estudiarlos? ¿Si hubiesen respetado la orden de no tocar aquello que Dios había creado a su imagen y semejanza? ¿Qué sabríamos de nosotros mismos? ¿Y de las pestes, epidemias y todas las enfermedades?
¿Y del mundo exterior?. ¿Si los tenaces observadores del cielo no hubiesen cuestionado la creencia de que la tierra era plana? ¿Y si todos hubiesen cumplido la retractación de Galileo ante el tribunal de la Santa Inquisición, en la que declaraba: “…que no sostendré, defenderé o enseñaré de ninguna manera, verbalmente o por escrito, la dicha falsa doctrina de que el sol es el centro del mundo e inamovible y que la tierra no es el centro y que se mueve..”? ¿Y sin aquellos audaces y modestos alquimistas, que errando entre la magia y la realidad, abrieron paso al conocimiento, siempre en el lindero de la herejía, vale decir de la muerte?
¿Y si se hubiese impuesto para siempre, el deber de profesar un solo culto religioso con prohibición de cualquier otro diferente al del Estado?. ¿Si no hubiesen existido algunos pocos desafiantes individuos que proclamaron la libertad de conciencia como único camino para mantener la paz? ¿Si hubiese triunfado el falaz argumento, proclamado a capa y espada, de que la libertad de cultos “le quitaba al pueblo su religión?. ¿Cuántos monumentos y herencias de las culturas “paganas” habrían sobrevivido al delirio del fanatismo cristiano? ¿Cuántas atrocidades y genocidios seguirían perpetrándose en nombre de la “religión verdadera”?
¿Y si la filosofía hubiese seguido siendo una “sierva de la religión” como postulaba Santo Tomás? ¿Seguiríamos recorriendo círculos y debatiendo sobre el género de los ángeles?. ¿Y si el pensamiento no se hubiese emancipado de los dogmas? ¿Seguiríamos quemando viejos códices y libros heréticos? ¿Arrojando en el fuego a “brujas y hechiceros”?.
¿Y si hubiese prevalecido el dogma milenario de que Dios hizo a los hombres iguales entre sí, pero que en la tierra había dispuesto que unos nacieran nobles y otros plebeyos, unos destinados a ser reyes, duques, obispos o papas y otros campesinos, artesanos o soldados? ¿Seguiría imperando la creencia de que unos están destinados a mandar y otros a obedecer? ¿Seguirían instituidas en todas partes la servidumbre y la esclavitud puesto que ambas están previstas en la Biblia, como argumentaban los plantadores del Sur norteamericano durante la guerra civil?
¿Y si se hubiesen mantenido las rígidas reglas que duraron siglos para las expresiones del arte y de la creación intelectual?. ¿Si los renacentistas no hubieran vuelto sobre las huellas del pasado clásico, para pintar o esculpir ateniéndose a sus propias ideas y sentimientos? ¿Si no se hubiesen atrevido a violentar los mandatos tenidos por divinos?. ¿Seguiríamos pintando y esculpiendo exclusivamente vírgenes y santos?.
¿Y si se hubiese mantenido la fusión del trono y el altar?. ¿Si algunos, no hubiesen osado proponer la separación entre la Iglesia y Estado?. ¿Qué sería hoy de los débiles y vulnerables individuos frente a los dos poderes unidos? ¿Y si todavía se siguiese sosteniendo que Dios puso a los reyes, a los gobernantes, a los caudillos?. ¿Y que toda autoridad dimana de Dios y no de la sociedad?
¿Y si se hubiese sostenido como artículo de fe, inalterable, que los bienes pertenecientes a la iglesia eran de Dios y por tanto intocables? ¿Seguirían miles o millones de arrendatarios pagando alquileres a instancias de la Iglesia?. ¿Y si los miembros del clero siguieran teniendo leyes especiales, de privilegio?
¿Y si todas las mujeres hubiesen consentido por siempre en mantener su condición de subordinadas e inferiores? ¿Si hubiesen aceptado como su misión exclusiva parir y procrear? ¿Si algunas, pocas también, no se hubiesen rebelado y exigido leyes y condiciones iguales para todos? ¿Si hubiesen seguido el ejemplo de la burocracia eclesiástica en donde los hombres pueden ser sacerdotes o altos dignatarios y las mujeres únicamente monjas?
¿Y si todo mundo hubiese aceptado la orden de la iglesia que prohíbe el uso del condón? ¿Cuántos millones más de contagiados de SIDA existirían?
¿Y si una oficina de la iglesia o del gobierno siguiera decidiendo -como lo hizo por siglos- que libros o periódicos podemos leer o ahora que películas y programas podemos ver?. ¿En qué grado de ignorancia nos encontraríamos?
¿Y si no se hubiesen establecidos registros públicos para los nacimientos, decesos y estado civil de las personas?. ¿Seguirían los sacerdotes decidiendo quienes vivirían eternamente en el pecado, por consecuencia en el ostracismo social y a su muerte impedidos de recibir sepultura en los cementerios, ante la impotencia de sus familiares presos de la angustia? ¿Seguirían inhabilitados para casarse aquellos que no profesasen la fe católica?.
¿Y si continuase la prohibición del divorcio?. ¿Si éste no se hubiese establecido como un derecho en la ley promulgada por Benito Juárez en Veracruz el 23 de julio de 1859? ¿Si no se hubiesen atrevido unas cuantas mujeres de ese tiempo a ejercerlo ante los tribunales? ¿Tendríamos más familias “estables” o más parejas frustradas?. ¿Más mujeres felices o más golpeadas y abusadas?.
Cada una de estas cuestiones le ha significado a todas las sociedades el tránsito de las opresiones al de las libertades. A veces las fases han durado siglos, pero al final siempre ha triunfado la irresistible vocación humana por la realización plena, por la posibilidad de desplegar todas sus potencialidades. Cada vez que se alcanza uno nuevo de estos estadios, contra el mismo se lanzan los dogmas indiscutibles e infalibles, los irresistibles mandatos divinos. Léanse las diatribas y excomuniones empleadas contra los que impulsaron cada una de las libertades: los que dudaron de las aberraciones enseñadas por la iglesia fueron enemigos de Dios, los que objetaron las religiones únicas fueron enemigos de Dios. Siempre las situaciones llevadas al límite: libertad de conciencia igual a muerte de las creencias religiosas, igualdad social, lo mismo que anarquía y libertinaje.
Ahora, se dice, despenalización del aborto igual a crimen y asesinato. Y de la misma manera, se introducen falacias y caricaturizaciones del opositor: son abortistas. No importa que se constate de mil formas: nadie está por el aborto en sí mismo. Lo usual y lo deseable es que las mujeres embarazadas quieran tener a su hijo, lo mismo los padres que lo engendraron, pero cuando existen circunstancias, unas de mayor gravedad que otras, que exijan interrumpir la gestación, el Estado debe garantizarle a la mujer que no será penalizada doblemente, con su propio sufrimiento causado al someterse al aborto y con la sanción carcelaria reclamada por los fundamentalistas.
En este debate, quizá los peores son esos políticos santurrones actuando como “defensores de la vida” (no importa que sus propuestas lleven a la muerte de miles de mujeres y al sufrimiento indecible de otras tantas) cubriéndose bajo el manto de creencias religiosas, para usarlas en su propio beneficio. No les van a la zaga en hipocresía los altos mandos y gobernadores del PRI, conchabados con los obispos para acabar con el estado laico. Beatriz Paredes, la dirigente formal de este partido, a quien en algunos momentos se le tuvo como progresista y liberal, personifica ahora la cobardía y la claudicación. Idénticos juicios merecen los diputados “de izquierda” afiliados al PRD que votaron a favor de la penalización del aborto.
Esta alianza sagrada, cuyos integrante se pelean sólo cuando hay botín de por medio, ha llevado ya a diez y siete legislaturas estatales a penalizar el aborto, cualquiera que sean sus causas. Ahora pretenden asaltar a la constitución nacional, operativo previsto para las vísperas de las elecciones federales, en el curso de los próximos dos años. Tiene la batalla perdida en el largo plazo, pero entretanto, políticos mochos y oportunistas, junto con los prelados católicos, provocarán incontables amarguras. Ya lo hicieron en todas partes donde se ha obligado a parir a niñas de trece años víctimas de la violación o se ha sacrificado la vida de la madre, dejando en el desamparo al resto de sus hijos o conducido a mujeres al abatimiento y a la depresión.
Todo, en nombre de un dogma simplón consagrado ahora en las constituciones locales. Última en engrosar la lista ominosa, la legislatura de Veracruz ningún honor hizo a la entidad desde la cual el gobierno republicano expidió las Leyes de Reforma.
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